García Lorca comienza 1930 en Nueva York, la ciudad que marca su producción y que supone una circunstancia excepcional para hacer frente a la crisis estética, vital e ideológica en la que se ve inmerso a finales de la década de los 20.
Tras diez meses en Estados Unidos, Lorca hará otro viaje, que lo llevará a pasar tres meses en Cuba invitado por la Institución Hispano-Cubana de Cultura para dar una serie de conferencias. Llega a La Habana a principios de marzo y en las semanas siguientes dará varias charlas en el Teatro Principal de la Comedia con las que cosecha un gran éxito.
El género de las conferencias tenía gran presencia en la España de esos años y García Lorca se dedicó a ellas con empeño desde el principio de los años 20. Cubren toda su trayectoria y prácticamente todos sus temas favoritos (poesía, música, teatro…). De hecho, el autor incluía muchos de esos elementos (música, voz…), lo que hacía de cada una de ellas una actuación en sí misma.
Lorca señaló a lo largo de toda su carrera su inclinación por la oralidad, preferencia en la que insistió una y otra vez en sus declaraciones. En esa línea, la actividad de las conferencias resulta paradigmática, en estrecho vínculo con su sentido del espectáculo; los ejemplos podrían ser casi infinitos: en octubre de 1933, por ejemplo, hablando de «Juego y teoría del duende», dice García Lorca: «Mis conferencias tendrán proyecciones e ilustraciones musicales y en algunas yo cantaré. Sí, ¿por qué no? También cantaré».
En esos meses en Cuba pronunciará cinco conferencias: «Mecánica de la poesía» (que es una versión de «Imaginación, inspiración evasión», de 1928, y que había leído unas semanas antes en el Vassar College de Nueva York), «Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos», «Canciones de cuna españolas» (dada por primera vez en 1928 y que contiene ejemplos de todas las regiones e idiomas del país), «La imagen poética de don Luis de Góngora» y finalmente «Arquitectura del cante jondo», revisada y con importantes añadidos respecto de la primera versión dictada en Granada en 1922.
Dará, además, conferencias en otras ciudades cubanas, entre ellas Cienfuegos y Santiago de Cuba, y en la isla escribe los poemas «Son de negros en Cuba» y «Oda a Walt Whitman», que posteriormente se incorporarán a Poeta en Nueva York.
En Cuba trabaja también en la obra teatral El público, que terminará en Granada tras haber desembarcado en Cádiz a finales de junio, después de tres semanas de viaje. La obra, aunque finalizada en España, es inseparable de la experiencia neoyorquina y posee una poética común con otros textos de ese periodo como Poeta en Nueva York. Tras su estancia en la gran ciudad norteamericana, García Lorca expresa en repetidas ocasiones su voluntad de hacer teatro nuevo, en la línea del teatro experimental que ha tenido oportunidad de conocer allí.