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3.2. Sexting

 

Los adolescentes y adultos han encontrado un espacio donde se sienten cómodos para iniciar cualquier tipo de contacto con otras personas, ya sea de tipo profesional, académico, social o personal. Respecto a este último, la recurrencia al uso de plataformas para flirtear ha proliferado considerablemente en esta década, debido a factores condicionantes como la edad, la posibilidad de ampliar el rango de interacción (sin límites geográficos) y el afán por experimentar nuevas sensaciones (Bonavitta, 2015). Así pues, nos encontramos en una sociedad que recurre a Internet para expresar la sexualidad con fenómenos como el sexting, el cual tiene su origen en el término “sex” y “texting” y se define como el “intercambio de mensajes en alguna conversación privada (inbox) por medio de algún medio electrónico, con contenido sexual explícito o implícito, ya sea con texto y/o imagen creada por el autor, en donde se considere que se muestra desnudo o semidesnudo” (Mercado, Pedraza y Martínez, 2016, p. 14).

Aunando en el perfil de la población que realiza este tipo de acciones, Alonso-Ruido et al. (2018) lo vinculan con los adolescentes con mayor edad, que a su vez suelen ser los más afectados por la distribución de las imágenes sin su consentimiento. Por su parte, Courtice y Shaughnessy (2017) destacan una mayor prevalencia en adultos que en adolescentes, existiendo una correlación positiva con el consumo de pornografía y adicción al cibersexo.

El sexting es algo común entre los adolescentes y adultos jóvenes que lo realizan sin tener en cuenta las consecuencias sociales, personales y profesionales que implica. Por tanto, conocer los factores que llevan a las personas a realizar este tipo de acciones es clave para intentar paliar estos comportamientos de riesgo en la red. En esta línea, algunos autores establecen como predictores del sexting: la edad, ser adolescente y realizar un uso frecuente del teléfono móvil (García-González et al., 2021). Por lo que conociendo estos patrones se puede actuar desde la educación para educar en el buen uso de la tecnología y en los riesgos asociados.

Sin embargo, la prevalencia de un perfil poblacional concreto que participa en sexting no está clara debido al comportamiento individual, el avance de la tecnología y a la falta de una definición que explique los factores que influyen en el sexting (Ahern y Mechling, 2013).

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