A pesar de que la agresión entre iguales es un hecho que ha existido históricamente en la sociedad, en la actualidad, con el desarrollo de Internet y las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) se han intensificado este tipo de conductas. Así pues, Internet ha aumentado las conductas agresivas a edades cada vez más tempranas, debido al fácil acceso que tienen los niños a un dispositivo móvil y la falta de control para abrir un perfil en las redes sociales.
Las redes han permitido que el bullying no solo se limite al contexto escolar, sino que se extienda a otros ámbitos personales y sociales a través del ciberbullying. De modo que el ciberbullying se definiría como la intimidación y acoso entre iguales a través de las TIC.
Algunos estudios relacionan directamente que el perfil del agresor en su mayoría son hombres y la mayor parte de víctimas son mujeres (Moreno-Ruiz, Martínez-Ferrer y García-Bacete, 2019). Otros vinculan que el sobrepeso u obesidad también es condicionante para ser víctima del ciberbullying (García-Hermoso et al., 2019). No obstante, el perfil agresor-víctima en ocasiones es difuso, puesto que la plataforma electrónica permite fácilmente invertir estos roles y encontrarnos con víctimas que se vuelven agresores (Aboujaoude et al., 2015).
La navegación por la red de forma habitual y sin control aumenta las posibilidades de ser víctima de ciberbullying. A este respecto, el control parental de las familias es fundamental para evitar este tipo de situaciones de riesgo. Al mismo tiempo, la formación de los docentes es clave para poder paliar este tipo de comportamientos agresivos en línea.
Por tanto, se halla una responsabilidad desde la familia y desde la escuela para poner el foco de atención en los menores a cargo. La información y formación son aspectos totalmente necesarios para que las familias y docentes estén capacitados en la prevención e intervención de las agresiones en línea.