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4. Docentes como agentes de buenas prácticas

 

Poniendo el foco de atención en las características de los docentes que generan buenas prácticas, Cabero, Llorente y Morales (2013), determinan en su estudio sobre buenas prácticas en e-learning que los docentes reunían una serie de elementos comunes: impartir más de una asignatura en red; poseer actitudes positivas; y tener una experiencia superior a dos años. Estas peculiaridades habrá que tenerlas en cuenta como elementos de referencia para poner la atención en las características individuales del profesorado al mismo tiempo que se evalúa la práctica docente.

Por su parte, Aznar-Díaz, Cáceres-Reche y Romero-Rodríguez (2019), analizaron a tutores e-learning agentes de buenas prácticas y concluyeron que los indicadores relacionados con el desarrollo de buenas prácticas fueron: la rápida contestación al alumnado; preocupación por su progreso; envío de material complementario; y resolución de problemas técnicos.

Gómez-Nashiki y Quijada-Lovatón (2021), identificaron como buenas prácticas en educación básica durante la pandemia por Covid-19 los siguientes elementos: (i) reconceptualización de la práctica educativa en un tiempo breve, adaptándola al contexto para afrontar la crisis; (ii) utilización de recursos tecnológicos para transmitir temas y contenidos; (iii) uso de alternativas para comunicarse con los estudiantes; (iv) generación de recursos didácticos con diseño instruccional; (v) grabación de vídeos y realización de actividades para apoyar socioemocionalmente a las familias.

Moreno-Guerrero et al. (2021), resaltaron que para desarrollar una buena práctica docente en flipped classroom influye la edad, el uso de recursos tecnológicos en el ámbito educativo, el tiempo de uso de los mismos en el ámbito personal, el número de dispositivos y la experiencia docente.

Por otro lado, Salcines-Talledo et al. (2017), destacan que existen tres perfiles docentes en el uso del smartphone: impulsores; iniciados profesionalmente; y usuarios no profesionales. Esto hace referencia al grado de compromiso y adquisición de competencias digitales para la implementación didáctica de los dispositivos móviles, donde los impulsores son aquellos que cuentan con mayor grado de experiencia de aplicación. Estos impulsores serían los denominados agentes de buenas prácticas docentes, los cuales destacan por realizar experiencias de m-learning con resultados satisfactorios para los estudiantes (Alonso-García et al., 2019). Por ello, es importante localizar a estos profesores para recopilar la experiencia docente llevada a cabo y pueda convertirse en una práctica transferible a otros contextos por su excelencia.

Finalmente, con el análisis comparativo de los modelos de enseñanza sobre buenas prácticas docentes en las aulas virtuales, extraído de la revisión de la literatura realizada por Véliz y Gutiérrez (2021), se constatan las dimensiones más importantes en el desarrollo de una buena práctica (Tabla 2). En este análisis se muestran como dimensiones más utilizadas en la evaluación de buenas prácticas: (i) necesidades del estudiante; (ii) dominio de aspectos curriculares; (iii) materiales didácticos; (iv) experiencias de aprendizaje multisensoriales; (v) interactividad entre estudiantes; (vi) interactividad docente-estudiantes; (vii) aprendizaje activo; (viii) seguimiento continuo al estudiante; (ix) tutoría personalizada.

Tabla 2

Análisis comparativo de los modelos de enseñanza sobre buenas prácticas docentes en las aulas virtuales (Véliz y Gutiérrez, 2021, p. 161)

Nota: Conteo* = número de veces que aparecen las dimensiones en el total de artículos analizados (11).
Nota: Conteo* = número de veces que aparecen las dimensiones en el total de artículos analizados (11).

Así pues, el simple uso de un dispositivo móvil no conlleva la buena práctica docente, si no se contemplan diversos parámetros. Por lo que es esencial la planificación docente antes de utilizar esta herramienta en el aula. El reto principal es conocer ejemplos de buenas prácticas docentes que puedan ser extrapolables a otros contextos.

Estas buenas prácticas docentes implican conocimiento, competencia y motivación por la mejora. Por ello, requiere de profesionales comprometidos con la enseñanza y formados en materia de TIC.

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