Como se ha recogido anteriormente, la evaluación formará parte del proceso para determinar si nos encontramos con una actividad caracterizada por ser una buena práctica docente con TIC, entendiendo el término de buenas prácticas docentes con TIC como la actividad que emplea algún recurso tecnológico, la cual conlleva resultados satisfactorios y son prácticas de referencia transferibles a otros contextos por su excelencia (Aznar-Díaz et al., 2020).
No obstante, tal y como destaca Area (2007, p. 3) “los efectos pedagógicos de las TIC no dependen de las características de la tecnología o software informático utilizado, sino de las tareas que se demandan que realice el alumnado”. Así pues, no se puede confiar únicamente en el poder motivador y de cambio intrínseco atribuido a las TIC, sino que deben planificarse con unos objetivos pedagógicos que respondan a la planificación de la materia que se imparte. Del mismo modo, las buenas prácticas docentes con TIC son consecuencia de la competencia de los docentes para aplicar conocimientos curriculares, tecnológicos y pedagógicos en una misma actividad (Valverde, 2010).
Por otro lado, atendiendo a las variables para la generación de buenas prácticas con TIC identificadas por Colás y Casanova (2013, p. 139): “concepción educativa, implicación, profesorado y satisfacción” y las aportaciones de Fernández (2016), las cuatro variables clave para el establecimiento de una buena práctica con TIC son: concepción pedagógica; implicación del profesorado y alumnado; desarrollo de habilidades y; satisfacción de la experiencia (Figura 2).
Figura 2
Variables clave para el establecimiento de una buena práctica docente con TIC
De esta forma, estos elementos clave deben ser condición sine qua non para generar una buena práctica con TIC, puesto que debe partir de una concepción pedagógica en la que se implique activamente tanto el profesorado como el alumnado, obteniendo como resultado el desarrollo de habilidades en el estudiantado, la adquisición de ciertas competencias vinculadas a los objetivos de aprendizaje y la satisfacción de los implicados.
Por tanto, los beneficios y virtualidades de la identificación de buenas prácticas con TIC reside en palabras de Fernández-Batanero y Torres (2015, p. 37) en poder “aprender de las mismas, contextualizarlas y mejorar las propias prácticas, haciendo posible su transferencia a otros contextos”. Hecho por el cual nos encontramos con una poderosa herramienta para mejorar la práctica educativa y servir de referencia para otras muchas que vayan a aplicarse posteriormente.
En esta misma línea, el Grupo DIM-UAB (2015), estableció hace unos años los posibles factores que pueden tener un impacto positivo en el desarrollo de buenas prácticas docentes con TIC, éstos se vinculan con factores relacionados con el profesorado, factores relacionados con la administración educativa y factores relacionados con el centro de estudios (Figura 3).
Figura 3
Factores que podrían tener un impacto positivo en las buenas prácticas docentes con TIC