Saltar la navegación

3. Captación del agua

Hacemos referencia aquí a las formas en las que el agua es recogida para su uso, aunque también hacemos referencia a cómo es medida desde el comienzo para su regulación y distribución. De manera general podemos distinguir entre la captación de aguas superficiales y aguas subterráneas:

Aguas Superficiales

Las primeras son aquellas que discurren libres por la superficie terrestre a través de cauces de agua más o menos caudalosos o continuos. También deberían incluirse aquí sistemas que utilizan de una u otra manera aguas de zonas lacustres y humedales, que han tenido históricamente mucha importancia en algunas regiones.
Las captaciones de aguas superficiales suelen ser, por lo general, más sencillas en cuanto a su concepción, construcción, mantenimiento y manejo. Esto, obviamente, depende también de la cantidad de agua y el tamaño de las construcciones, puesto que aquí se incluyen también grandes presas de derivación o de regulación-almacenamiento o complejos sistemas de elevación de agua como las ruedas elevadoras (aceñas). En estos casos, algunas de estas infraestructuras adquieren un carácter monumental y han llamado particularmente la atención desde el punto de vista de la ingeniería. Estos ejemplos suelen ser construcciones hechas por el poder, ya sea de naturaleza pública o incluso privada, y suelen ser también una forma de expresión de ese mismo poder además de una infraestructura útil. Pero la mayoría de los sistemas, como decimos, son más sencillos, y tienen un origen campesino, no habiendo llamado la atención de los investigadores o de las instituciones encargadas de la protección y tutela del patrimonio cultural. En cualquier caso, todas ellas tienen también la dificultad de intentar controlar el agua en movimiento, generalmente para su derivación, pero en ocasiones también para su almacenamiento, aunque nunca en cantidades excesivamente grandes. En el caso de los ríos, las dificultades también tienen que ver con las fluctuaciones de caudal y con el volumen de agua. En los grandes ríos, la dificultad ha sido siempre la de construir y mantener estas infraestructuras en grandes caudales. En los más pequeños, en los arroyos y torrentes permanentes y, sobre todo, en los estacionales, el desafío muchas veces es intentar aprovechar los escasos caudales o las avenidas torrenciales para gestionar la escasez.

  • Presas y azudes

Tanto las presas como los azudes, son estructuras hidráulicas empleadas para captar y regular el agua para derivarla a las canalizaciones.

Una presa es una construcción que retiene o embalsa el agua de un río o arroyo. Suelen estar situadas en espacio donde se acumula más agua.

Los azudes, son barreras construidas de manera transversal al cauce de los ríos para desviar el agua hacia la canalización, sin detener o embalsar demasiado el agua del río.

Figura 6: Presa en el río Dúrcal para la acequia Mahina. Fuente: MEMOLab UGR
  • Aceñas

Una aceña es un molino hidráulico situado generalmente sobre un río o acequia, que utiliza la fuerza del agua para accionar piedras de moler u otros mecanismos mediante una rueda vertical, un eje y engranajes. Además de moler, en algunos casos las aceñas incluían estructuras que elevaban el nivel del agua para aprovecharla en espacios más altos, integrándose así en sistemas hidráulicos tradicionales. Fueron muy comunes en la Edad Media en la Península Ibérica, especialmente en ríos caudalosos como el Guadalquivir, Tajo, Duero, Guadiana o Segura, y a menudo se asociaban a azudes o presas que regulaban el caudal.

Conocer

Vídeo:  Aceñas del Duero, la fuerza del agua. Fuente: Cultura Junta Castilla y León.

Aguas subterráneas

En el caso de las subterráneas, las aguas no son visibles porque discurren o se encuentran almacenadas por debajo de la superficie terrestre. Son principalmente acuíferos situados en su mayor parte en contextos geológicos permeables, como las calizas u otras rocas sedimentarias, pero también en el subálveo de los cauces (en los arenales de los fondos de las ramblas o wadis, por ejemplo) o en el propio suelo, con una circulación subsuperficial. Aquí incluimos también las surgencias de manantiales naturales, aunque una vez que el agua brota, su captación es igual o muy parecida a la de otras aguas superficiales.
Por su parte, las captaciones subterráneas tienen en primer lugar la complejidad de gestionar agua que no se ve en superficie. Es cierto que las primeras aguas que se emplean, las que se usan además de forma preferente, suelen ser las provenientes de manantiales naturales. Suele ser así por la regularidad de sus caudales, bien permanentes durante todo el año o con fluctuaciones que habitualmente se conocen y se integran dentro de los manejos y repartos. Además, en muchas ocasiones estas surgencias se encuentran topográficamente en zonas que permiten ya de manera sencilla el transporte y el riego por gravedad.

  • Manantiales naturales

La captación de agua en manantiales naturales es una de las formas más antiguas y eficientes de obtener agua para consumo, riego o para energía. Se trata de aprovechar el flujo natural de agua subterránea que emerge a la superficie.
En muchos casos, encontramos construcciones en mampostería para recoger ese agua de las surgencias y así encauzarla hacia la canalización. En algunos casos se pueden instalar cubiertas a modo de protección para proteger la calidad del agua.

Figura 7: Fuente Grande, inicio de la acequia de Aynadamar en Alfacar, Granada. Fuente: MEMOLab UGR
  • Galerías drenantes (qanats/foggaras/khettaras…, cimbras, minas de agua, etc.)

Existen diferentes tipos de galerías drenantes y su clasificación tipológica es un tema abierto que resulta ser de mayor complejidad conforme más nos adentramos en las estructuras que lo componen.
En función del territorio tienen diferentes denominaciones (lo cual también indica diversidad y variabilidad) : galerías, minas, viajes de agua, cimbras, alcubillas, tajeas, canalizos o caños; estas denominaciones no siempre tienen relación exacta con distintas tipologías.

Aquí se pueden distinguir tres tipos: 

Mina de agua

Obtiene el agua gracias a excavaciones subterráneas que profundizan en un manantial o una surgencia. Este tipo de captación posee una escasa longitud, aunque existen excepciones en los casos de galerías más modernas, perforadas con modernas técnicas mineras. No disponen de pozo madre y, por lo general, no cuentan con lumbreras, aunque hay casos que presentan una o, como mucho, dos.

Figura 8: Mina de agua en acequia del Rasmal en Benamaurel, Granada. Fuente: MEMOLab UGR

Qanat

Para la captación de agua se construye un pozo madre hasta alcanzar el acuífero; desde ahí, se excava una galería hasta la salida (conocida como bocamina). Para construir y mantener estas galerías, se llevan a cabo lumbreras en su trazado, que actúan como registros, como entradas a la captación y como vías de iluminación y aireación, además de su uso para la extracción de los escombros durante la construcción de la galería. En muchos casos los pozos están completamente cegados y tapados, por lo que su identificación puede ser compleja.

Cimbra

Se trata de galerías drenantes construidas en ramblas que captan el agua que se acumula en ellas, en el subálveo. En este caso, no tienen pozo madre y poseen algunas lumbreras.

  • Pozos

En otros casos, en los que el agua está alejada de la superficie, se construyen pozos para llegar de manera vertical al nivel freático. En los paisajes tradicionales de riego, se utilizaban diferentes tipos de pozos según la disponibilidad de agua y las necesidades de elevación. Por ello, podemos distinguir tres tipos:

Con galería

Consisten en un pozo principal conectado a galerías horizontales que se adentran en el subsuelo. Estas galerías permiten captar agua de acuíferos laterales o profundos, asegurando un suministro constante incluso cuando el nivel freático es bajo.

Con noria

Incorporan un mecanismo de rueda con cangilones que extraen el agua del pozo.

Con aceña

Aprovechan la fuerza del agua de un río o canal mediante un molino hidráulico. El movimiento de la rueda de la aceña se transmite a un mecanismo que extrae agua del pozo o canal, integrando la función de molienda con el suministro de agua para riego o consumo doméstico.

Cada tipo de pozo representa una estrategia adaptada al entorno y al recurso disponible, mostrando la relación práctica entre tecnología hidráulica y gestión del agua en los sistemas tradicionales de riego.

Creado con eXeLearning (Ventana nueva)