En el contexto del IoT los aspectos sobre privacidad y seguridad deben ser tratados desde el principio al fin del diseño e implantación, ya que habrá muchas etapas en las que ambos elementos puedan verse comprometidos. Una de estas etapas es el uso de las UI que, en ciertos contextos, puede ser el enlace más débil.
La huella que dejamos durante nuestra interacción con el dispositivo puede suponer un riesgo para nuestra privacidad. La forma única que tenemos de teclear, tocar y responder a las interfaces puede constituir un patrón inconsciente que, procesado con algoritmos de aprendizaje automático, pueda identificarnos unívocamente [15].
Aunque en ciertos contextos de seguridad esto pueda resultar tranquilizador, debemos ser conscientes de la pérdida de privacidad e intimidad que el hecho de interactuar con una interfaz supone.
Por otra parte, el proceso de autenticación a través de una UI es un potencial riesgo para la seguridad ya que alguien puede obtener nuestras credenciales fácilmente. Piense en cómo su banco le recomienda tapar su mano mientras teclea el PIN para acceder al cajero automático.