Seguir empleando y mejorando los sistemas de regadío sin destruir el medio y el equilibrio social es posible. Lo ha sido durante siglos en muchas zonas, ¿por qué no podemos hacerlo en la actualidad cuando disponemos de más conocimientos y medios? Para ello, hay que tener en cuenta factores que quizás con anterioridad no se han considerado en algunas políticas de planificación hídrica. Entre ellas, además de las cuestiones ambientales, está la parte social, que es enormemente dinámica y compleja. No debemos olvidar que los regadíos tradicionales son un comunal y son las comunidades locales quienes los crean, los gestionan y los mantienen.
En esta unidad de aprendizaje podremos conocer diferentes propuestas e iniciativas que se están empleando en la actualidad como herramienta para recuperar, proteger, conservar y mejorar las infraestructuras que conforman el regadío tradicional y la comunidad que lo gestiona. Nos planteamos si lo “moderno” es sinónimo siempre de lo “tecnificado” y si esto es a su vez siempre lo más beneficioso o, por el contrario, debemos también mirar hacia el pasado para aprender e innovar. ¿Qué es lo realmente innovador?
Actualmente, contamos con numerosas herramientas de innovación social que pueden ser aplicadas en muchos espacios de la sociedad. Está claro que la innovación trae consigo mejoras claras, como pueden ser muchos de los avances tecnológicos a diferentes escalas, mejor accesibilidad, comunicación… pero, ¿en detrimento de qué? Se pierden conocimientos, tradiciones o prácticas muy diversas e incluso endémicas y con ellas parte de nuestros paisajes, diversidad cultural y biológica, creaciones de las que disfrutamos e incluso alardeamos. Por supuesto, esos procesos de “modernización”, entendidos solo como tecnificación, se realizan en muchas ocasiones sin una previsión de las consecuencias reales a corto-medio plazo desde una perspectiva integral.
A lo largo de esta unidad de aprendizaje, conoceremos diferentes propuestas que pueden hacerse dentro de un concepto más amplio y complejo de lo “moderno”, que debe pasar por conservar, proteger y mejorar sin destruir. Podremos aprender sobre herramientas que parten siempre de la multifuncionalidad y diversificación, e irán desde la participación, la ciencia ciudadana, el turismo cultural sostenible como herramienta de empoderamiento para la población local o los convenios de retribución por servicios ecosistémicos.
Las estrategias de desarrollo social no tienen por qué ser siempre de lo más tecnológico, pues puede que en la tradición encontremos algunas soluciones que, combinadas correctamente con herramientas de lo más actual, den soluciones a problemas presentes y futuros, mirando también al pasado.
Los sistemas históricos de regadío son uno de los elementos que conforman el patrimonio agrario. Son estructuras (acequias, azudes, compuertas, cortijos asociados, molinos, norias, batanes), sistemas de gobernanza y prácticas de enorme valor cultural, arquitectónico e histórico. Generan, en definitiva, socioecosistemas que son útiles y tienen un valor para la población que los utiliza y mantiene y también para los que desde fuera nos beneficiamos de sus servicios y disfrutamos de sus paisajes culturales.