Hace poco he visto dos películas: Blue film (Eliot Tuttle, 2025) y Pillion (Harry Lighton, 2025). La primera consiste en una conversación durante toda una noche entre un pedófilo que ya cumplió condena de cárcel y un joven adulto que se dedica a la prostitución sexual online y a quien aquel le dio clase cuando era niño. La segunda trata, no sin humor, pero también con dramatismo, una relación entre dos hombres en el que uno muestra una completa sumisión al otro: es literalmente su criado, y duerme en la alfombra a los pies de la cama de su amo. Si sois, como creo, mayores de 18 años os invito a ver ambas películas, porque me parece que son estupendas, si bien en ellas se dicen y se muestran algunas escenas un tanto extremas.
Son dos ejemplos de ficción pura. No están basadas en hechos reales; son completamente inventadas. ¿Por qué hablo de ellas en un módulo sobre las fronteras entre ficción y no ficción? Porque me hicieron darme cuenta de que mucha gente comienza a ver ficciones como si no lo fueran. Es decir: no es solo que hoy día se realicen ficciones que pretenden no serlo, o jueguen deliberadamente a la ambigüedad, quizá para engañar o manipular a los receptores en el contexto de la llamada posverdad. Es que cada vez más gente ve obras de ficción y las juzga (o les afectan) como si no lo fueran. Tampoco ahí las fronteras parecen estar claras.
En numerosos comentarios de la aplicación Letterboxd, muchos usuarios pedían que se prohibiera Blue film. ¿Por qué? Porque daba voz a un pedófilo; porque veíamos a un trabajador sexual en acción, y estos usuarios consideraban que la película no dejaba suficientemente clara la condena o denuncia explícita de delitos o de prácticas de este tipo. En la misma aplicación, muchos usuarios querían prohibir la película de Almodóvar Hable con ella (2002) porque se producía una violación y el protagonista (a pesar de que —¡spoiler!— va a la cárcel y se suicida) era presentado con rasgos amables; de nuevo, el asunto de la película no parecía ser la condena de un delito. En el caso de Pillion no se pedía la prohibición de la película, pero se lamentaba que se expusiera lo que era calificado como "relación tóxica" y que, de nuevo, no se produjera un rechazo explícito de esta en el discurso del film.
"Normalizar", "blanquear", "romantizar" y "dar voz" son términos que cada vez oigo más a la hora de juzgar ficciones. Mucha gente no parece plantearse si en esa ficción los personajes están bien construidos, si la narración es coherente, o interesante, si la complejidad de los asuntos planteados y la forma en que se plantean nos llevan a comprender mejor nuestro propio mundo. Pero, sobre todo, la gente parece olvidar que se trata de una ficción. Ante esos comentarios, me sentía tentado de replicar con exclamaciones: ¡es una película! ¡No na sucedido realmente! ¡Nadie ha salido herido!
Lo relatado en una ficción, en cuanto mundo construido con palabras, no existe: lo que se cuenta no ha sucedido. Pero resulta creíble: si es realista (según la definición que hemos dado) podría haber sucedido. Quizá en algún lugar ha sucedido algo así. La famosa frase de Flaubert: Madame Bovary no existe, pero ahora mismo ha cientos de madames Bovary preparando el potaje para sus maridos en toda Francia. Pero insisto: la historia, el mundo que se nos está contando en esa película o esa novela, es inventado. Nadie ha muerto, nadie ha sufrido daños, sencillamente porque esas "personas" del relato son en realidad "personajes", seres inventados hechos de palabras o imágenes, y encarnados por actores. Eso ha permitido tradicionalmente que en las ficciones sucedan hechos terribles y perturbadores y que podamos ahondar en determinadas cuestiones, plantearlas, experimentarlas, sin sufrir sus consecuencias. La ficción muchas veces parte de la pregunta ¿qué pasaría si...? y puede llevarla a sus últimas consecuencias, exagerar, dramatizar, alejarse de la realidad y llegar al absurdo o al delirio. Pero si dejamos de comprender esto y consumimos ficción como si no lo fuera, la consecuencia lógica es que nos escandalice.
¿Crees que representar determinadas cuestiones en una ficción implica "normalizarlas", "blanquearlas", "romantizarlas"? ¿Crees que la ficción, con su poder sugestivo, puede llevar a personas a hacer o defender cosas que no habrían hecho si no las hubieran visto representadas? ¿Crees que las obras de ficción deberían llevar siempre en el propio discurso una condena explícita a las cosas que cuenta? ¿Deberíamos prohibir una novela como Lolita (1955) y sus adaptaciones cinematográficas dado que se trata de la historia de un depredador sexual de menores contada por él mismo? ¿Hacían bien quienes intentaron prohibir Madame Bovary (1857) porque abordaba el tema del adulterio femenino sin que la novela implicara una conde explícita de esta práctica?