Si hay un rasgo que caracteriza el paisaje y la ciudad musulmana es la omnipresencia del agua. En cada rincón, en cada callejuela, en cada plaza podemos encontrar aljibes, pilares o fuentes que discurren susurrando regando a su paso la vida de los musulmanes. Aunque las construcciones ligadas a la arquitectura del agua (puentes, atanores, acequias, albercas, etc.) no son exclusivas de la cultura musulmana, el uso de esta tanto ritual como estético la hacen esencial, algo que aún podemos observar en la ciudad de Granada.
Desde aquí os propongo usar el agua como hilo conductor para conocer un mundo estético, sensorial, poético, religioso pero también vivido. En este sentido, qué mejor que iniciar con una constante dentro de la estética del mundo islámico: el uso del agua como espejo.

Patio de Arrayanes, Palacio de Comares.
Fuente: Patronato de la Alhambra y Generalife.
Hablemos del agua, como articuladora de la ciudad, como creadora de vida, como constructora de paisaje patrimonial, tangible e intangible.
¡Utilicemos el agua como guía, conozcamos la herencia patrimonial del agua andalusí!