1. Sobre autores extranjeros con los que Lorca mantuvo relación: Sin duda, su estancia en Nueva York (1929-1930) fue clave. Allí trabó amistad con el poeta y crítico estadounidense Federico de Onís, pero también con figuras como el poeta negro Langston Hughes y el escritor Waldo Frank, con quien incluso planeó proyectos editoriales. Se ha hablado mucho del influjo de la poesía de Walt Whitman en Poeta en Nueva York: Lorca admiraba su voz libre, su defensa de lo corporal y su canto a la diversidad humana, aunque también matiza esa influencia desde su propia mirada trágica y surrealista. Asimismo, su amistad con el compositor Manuel de Falla (español, pero con una proyección europea enorme) y su conocimiento de la commedia dell'arte italiana marcaron su teatro.
2. Sobre la huella de Lorca en artistas de otros países: La influencia lorquiana es inmensa y sigue viva. Por ejemplo, el dramaturgo estadounidense Tennessee Williams bebió de la hondura trágica y poética de Lorca —La casa de Bernarda Alba resuena en De repente el último verano—. En la poesía, el argentino Alejandra Pizarnik asumió la oscuridad, el silencio y la fusión de muerte y deseo tan característicos del granadino. También el cineasta español Pedro Almodóvar, aunque no es extranjero, ha reconocido en varias entrevistas la presencia constante de Lorca en su manera de abordar la pasión femenina y el drama. Más allá, en la música, artistas como Leonard Cohen o Patti Smith han citado a Lorca como referencia; Cohen, de hecho, tituló un poema “Take This Waltz” inspirado en Pequeño vals vienés.
Creo que Lorca logró algo único: construir un lenguaje tan personal que, sin perder sus raíces andaluzas, habla directamente a artistas de cualquier latitud. Su figura ya no es solo española, sino universal.