En los aforismos que acompañaban la influyentísima Segunda antología poética (1920), Juan Ramón dictamina: «No hay arte popular, sino imitación, tradición popular del arte [...], la sencillez sintética es un producto último... de cultura refinada [...]. Lo sencillo es «lo conseguido con los menos elementos», el arte, «lo espontáneo sometido a lo consciente». Falla a su vez daba una importancia capital a la evocación de «la verdad sin la autenticidad», tal como la encontraba en piezas como La soirée dans Grenade de Debussy (que no estuvo nunca en la ciudad), frente a los «fabricantes de música española». Para él está muy claro el sentido anticasticista y moderno de su trato con lo popular, y así lo expone en la prensa granadina (habiendo participado en la experiencia de los Ballets Russes de Stravinski y Diaghilev) al defender el valor patriótico de la celebración del Concurso de Cante Jondo (1922) contra quienes auguraban una españolada:
El cante jondo, lírica herencia que de las viejas primitivas civilizaciones adoptara conforme a su peculiar modo el espíritu popular andaluz, ha contribuido del modo más evidente a la formación y el desarrollo de una parte esencialísima de la música moderna rusa y francesa, las que a su vez han dado origen al espléndido y jamás igualado florecimiento alcanzado por el arte sonoro desde fines del pasado siglo hasta los comienzos de la nunca bastante maldecida Gran Guerra."
El marco en que se produce ese traspaso capaz de insuflar vida al arte culto es el que G. Jean Aubry llamó el «nationalisme cosmopolite», o como dijo César Arconada en su ensayo de 1926 En torno a Debussy:
Hoy se quiere ser nacionalista para ser universal; ayer, precisamente para combatir esa universalidad, se quería ser nacionalista."
Esa dialéctica entre lo nacional y lo universal está muy presente en el musicólogo Adolfo Salazar, muy amigo de Falla y de García Lorca, quien ponderaba la importancia de
tomar al canto del pueblo formas elementales de expresión que renueven y aumenten el capital cosmopolita. Universalidad por singularización: he ahí la tesis."
Esta preeminencia del «espíritu sobre la letra» determina las reflexiones de Lorca sobre las letras del cante jondo —ejemplares para los jóvenes que buscan podar el árbol lírico— expuestas en su conferencia de 1922, con una armazón teórica tomada directamente de Falla y del romanista Alfred Jeanroy. Así prescribe:
Se debe tomar del pueblo nada más que sus últimas esencias y algún que otro trino colorista, pero nunca querer imitar fielmente sus modulaciones inefables, porque no hacemos otra cosa que enturbiarlas. Sencillamente, por educación."