En el verano de 1931 termina García Lorca en Granada, en la Huerta de San Vicente, el otro gran título del «teatro imposible», Así que pasen cinco años.
El propio autor definió esta obra como «la leyenda del tiempo, cuyo tema es ése: el tiempo que pasa». También señala que se trata de «un misterio, dentro de las características de ese género». Lorca piensa en los misterios medievales y sobre todo en la continuación del género de los autos sacramentales, que vuelve a ponerse de moda en estos años en Europa. En el caso de García Lorca, tal como venimos viendo, el recurso a estas antiguas formas teatrales se lleva a cabo a través del filtro del aprendizaje de la vanguardia y de la experiencia neoyorquina.
El argumento de la obra es sencillo: un Joven espera cinco años para casarse con su novia. Cuando pasa el plazo, la busca, pero ella, cansada de la larga espera, se va con otro. El Joven busca entonces a la Mecanógrafa, que estaba enamorada de él, pero cuando la encuentra con la intención de recuperar el tiempo perdido es ella la que propone una nueva espera de cinco años. El Joven se queda solo y muere.
La acción argumental y la estructura de la obra es, por el contrario, enormemente compleja, sobre todo porque se lleva a cabo una perturbación constante de las convenciones del tiempo en el teatro: el tiempo no circula en una sola dirección, los tiempos verbales se contradicen y los propios personajes (Joven, Viejo) son tiempo.
Acto I
En el Acto I predomina la espera del plazo en el ambiente cerrado e inmóvil de una biblioteca, que subraya la oposición entre el tiempo lento del interior y el tiempo rápido y vitalista de la calle.
Acto II
En el Acto II, la Novia prefiere al mudo Jugador del Rugby frente a la espera y el tiempo detenido del Joven. Rechazado, se lanza ahora a la calle.
Acto III
En el Acto III, un Arlequín, en un escenario que representa un teatro dentro del teatro, recita unos versos que ofrecen una reflexión sobre el tiempo y la muerte. Cuando el Joven encuentra a la Mecanógrafa, ella se ha convertido en lo que él era antes, una figura del tiempo y de la espera. Solamente le queda la desesperación y la muerte a manos de tres Jugadores (trasunto de las Parcas) que le recuerdan que «no hay que esperar nunca. Hay que vivir».