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2. La escritura como identidad

La posibilidad de objetivar sus contradicciones íntimas en la cultura, apoyándose en nombres y tradiciones de prestigio indudable, significaba una puerta de salida. El cambio de la vocación musical por la literaria, además de la muerte en 1916 de su maestro Antonio Segura Mesa, quizá se debió a que las letras le permitían no solo un camino de expresión de sus sentimientos, sino de elaboración y discusión con matices sobre una realidad íntima muy conflictiva. La escritura como cuestionamiento de la propia identidad. La lucha consigo mismo y con la sociedad marca el tono de los textos primerizos de  «Místicas (de la carne y el cuerpo)» y de  «Estados sentimentales y otras meditaciones». La identidad de García Lorca, igual que la de cualquier ser humano, es demasiado abierta como para buscar un dibujo quieto, una razón que lo argumente todo y que pueda emplearse como receta para explicar de una vez los símbolos, las historias y los conflictos. Las situaciones individuales, además, desbordan los límites de la persona para responder a una situación histórica y una tradición cultural. Pero si queremos entender el mundo lírico de Federico García Lorca, su formación y sus búsquedas, es imprescindible recordar con Alberto Mira (2002) que  «la cultura homosexual se crea a partir de una experiencia homosexual de la cultura» (25). Comparto la perspectiva que propone este estudioso del pensamiento y la literatura homosexual:

La práctica poética lorquiana puede leerse así como un intento de superar el silencio y la trivialidad de quienes le rodeaban acerca de las cuestiones que le preocupaban. Sería simplista equiparar unívocamente la homosexualidad con sus obsesiones, con su diferencia, pero sin duda esta última no puede entenderse sin tener en cuenta la articulación de un discurso en torno a la homosexualidad de su tiempo.

(323).

En cualquier caso, resultaba una verdadera ayuda encontrar en la tradición figuras como Platón y Safo. En «El poema de la carne. Nostalgia olorosa y ensoñadora», un texto fechado el 12 de marzo de 1917, el joven Lorca puede imaginar un diálogo entre ellos. Y Platón se explica así:

Yo soy el sabio que aprendió lo que el gran Sócrates proclamaba. Yo soy el que adora y ama a los efebos... Sus pechos serán rectos, pero tienen un olor genial... Sus cabelleras serán cortas, pero tienen luz y aroma de naranja en sus bocas... ¡Safo! ¡Safo! Tú eres mi hermana del espíritu, tú eres en tu sexo lo que yo en el mío.

(1996,IV: 693).  

La cultura, y la poesía dentro de ella, son desde el principio de su formación como escritor una herencia y un recurso imprescindible para entenderse, explicarse o esconderse según las circunstancias.