Heracles, al igual que tantos otros héroes de la mitología grecolatina, posee una personalidad ambigua, donde las acciones filantrópicas se combinan con todo tipo de delitos y excesos: el asesinato de inocentes (su maestro Lino, sus hijos con Mégara, el hospitalario centauro Folo, el sirviente de Calidón), el enfrentamiento con los dioses (amenaza a Helios con su arco, lucha con Ártemis por la cierva, roba a Apolo el trípode profético y en el combate contra Cicno, hiere a Ares en el muslo), el apetito voraz, las borracheras y la lujuria. Sin embargo, desde la perspectiva de los griegos, la desmesura de Heracles lo elevaba a una esfera sobrehumana, tan cercana a los dioses que, finalmente, terminó siendo uno de ellos, no solo en la fabulación mitológica, sino también en la religión de las ciudades-estado.
Las escuelas filosóficas antiguas convirtieron al hijo de Zeus en un modelo ético, por su capacidad para sobreponerse a sufrimientos e infortunios, y su coraje para afrontar cualquier empresa. A esta interpretación obedece una de sus representaciones más célebres e influyentes en la Historia del Arte: la estatua en bronce de Lisipo (siglo IV a. C.), conocida por varias copias, entre las que destaca el llamado “Hércules Farnese”, esculpido en mármol por Glicón (fig. 34).
El triunfo del cristianismo no desvaneció su figura; por el contrario, incluso, se establecerán correlatos de su biografía con la de Jesucristo, y sus Trabajos se revisten de simbolismo cristiano: un ejemplo de ello son las pinturas de las catacumbas de Vía Latina (Roma), donde la Hidra, Alcestis y el Jardín de las Hespérides, están identificados con la lucha contra el Pecado, la Resurrección y el Paraíso (fig. 35).
El primer testimonio de esta moralización es el pasaje de Jenofonte (Memorables 2.1, 21-34), donde se menciona cómo el sofista Pródico (siglo V a.C.) presentaba al héroe en su juventud teniendo que elegir entre dos caminos simbolizados por dos mujeres, la Virtud y el Placer. A partir del Renacimiento, “Hércules en la encrucijada” (In bivio) se convirtió en un tópico literario y artístico; la escena fue pintada, entre otros grandes maestros, por Giovanni di Benvenuto, Niccolo Soggi, Rafael, Beccafumi, Carracci, Hans Cranach, Poussin, Veronés y Rubens (fig. 36).
Por otra parte, los Trabajos se asimilan a los problemas y las complicaciones de la vida, como hace Lope de Vega (1562-1635) en este soneto.
Aunque en la tradición artística no se omitieron los episodios cómicos o deshonestos, como el Hércules borracho retratado por Rubens (fig. 37), predominan los tratamientos solemnes y edificantes. Así, el mismo Rubens lo representa en otro cuadro como el Heroísmo —la Virtud de los reyes y emperadores— venciendo a la Discordia (fig. 38). Ciertamente, ya en la Antigüedad se habían identificado con Heracles Alejandro Magno, quien porta la leonté en las acuñaciones monetarias (fig. 39; Actividad Unidad 6), y varios emperadores romanos, por ejemplo, Cómmodo (fig. 40). Desde finales del Medievo a la actualidad, la imagen del héroe grecorromano ha sido utilizada para ensalzar a reyes, generales y hombres de Estado: por ejemplo, Enrique IV de Francia (fig. 41), Napoleón Bonaparte (fig. 42) y Vladimir Putin (fig. 43).
La conexión de Hércules con España arranca, en el siglo XII, de Alfonso X el Sabio, quien dedicó una extensa sección de su General Estoria a establecer la relación de sus Trabajos, en particular, con la fundación de ciudades (Cádiz, Sevilla, A Coruña o Ávila, por ejemplo). Sin embargo, el máximo exponente de la conexión del héroe con la monarquía hispana fue el emperador Carlos V: ambos aparecen retratados juntos en la portada de la Universidad de Salamanca (1529); en la Alhambra uno de los medallones del Pilar de Carlos V representa la lucha con la hidra de Lerna y, cuando Felipe II reanudó las obras del Palacio, se colocaron en su portada oeste dos de los Trabajos (fig. 44). El emperador, además, adoptó como símbolo heráldico las columnas heracleas, pero modificó el lema, sustituyendo Non plus Ultra, por Plus Ultra (fig. 45), significando con ello que Carlos de Habsburgo no solo era equiparable a Hércules, sino que lo había superado, por ser el sucesor y heredero de los monarcas que habían traspasado los límites del Mundo fijados por el héroe. Este es el ideario que Gutierre de Cetina (1520-1557) proclama en su soneto “Al Emperador”.
En el siglo XIX el hijo de Alcmena fue reivindicado como paradigma de otro tipo de heroísmo, el encarnado por los románticos rebeldes y revolucionarios, por ejemplo, el poeta alemán Friedrich Hölderlin (1770-1843).
Un ejemplo reciente de los tratamientos desmitificadores, sea de la figura del héroe, sea de los valores que ha simbolizado en la Civilización Occidental, es el poemario de Mayte Gómez Molina (1993), titulado, significativamente, Los trabajos sin Hércules (2022). A él pertenece el siguiente texto:
"Yo trabajo como una mula
Las mulas son cruces
entre caballos y burras y son
estériles
Quizás trabajar como una mula viene de
que toda tu vida es trabajo ya que
no puedes parir no puedes criar
no puedes crear,
relincha come
tira del arado espanta las moscas
vuelve al corral."
Rompe las conchas Hércules famoso
de la hidra feroz, y el campo esmalta
de veneno y de sangre, el tronco salta
por la violencia del bastón ñudoso;
pero súbitamente el escamoso
cuello brota, en lugar de aquella falta,
siete cabezas de cerviz más alta,
temblando el eco al silbo temeroso.
Así yo, triste (que vencer deseo
esta sierpe cruel de mi fortuna
en tantas diferencias de batallas),
con mis desdichas sin cesar peleo;
mas donde quiero remediar alguna,
resultan tantas que es mejor dejallas
No fuera Alcides, no, famoso tanto
ni durara en el mundo hoy su memoria,
si menos cara hubiera la victoria
de los monstruos que aún hoy causan espanto.
fuerte emulación con todo cuanto
contrasta casi al par con vuestra gloria,
harán, al fin, señor, que vuestra historia
nos dure con eterno e inmortal canto.
El vencer tan soberbios enemigos,
sujetar tantos monstruos, tanta gente,
con el valor que el cielo en vos derrama,
al siglo por venir serán testigos
del honor que dará perpetuamente
a Carlo Quinto Máximo la fama.
Hundido en el sueño de la infancia,
yacía yo como el mineral en su ganga.
Te doy gracias, oh noble Hércules,
por haber hecho de aquel niño un hombre.
(…)
¡Hijo de Zeus! Mira, vengo a ponerme
a tu lado, con rubor.
Puesto que el Olimpo es tu conquista,
ven a compartirla conmigo.
sujetar tantos monstruos, tanta gente,
Sí, es verdad que nací mortal,
pero mi alma se ha prometido
la inmortalidad.