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2.1. Las recreaciones literarias

 

“¡Salve, oh novia! ¡Salve, yerno de buen suegro! Que Leto, que Leto, criadora de niños, os otorgue buena descendencia; que Cipris, que la diosa Cipris os conceda mutuo amor por igual; que Zeus, que Zeus Crónida os dé dicha sin fin, para que pase de nobles padres a hijos también nobles”.

"Y turbó el corazón de Helena de Argos 
dentro del pecho, y loca por el hombre
de Troya, ella por mar al falso huésped
acompañó en la nave,
dejando en casa a su hija abandonada
y el abrigado lecho de su esposo,
y es que su corazón la convenció
de que al amor cediera,
(...)
Y dieron en el polvo muchos carros
y muchos combatientes de ojos negros
fueron pisoteados, y al estrago
Aquiles se entregaba"

"Algunos afirman que ellas viven a lado de los gargareos, en los montes de la vertiente septentrional del Cáucaso llamados Ceronios. Pasan la mayor parte del tiempo solas, laborando ellas mismas la agricultura y la cría de caballos, y las más fuertes se consagran a la caza y hacen la guerra. Todas tienen el pecho derecho quemado para valerse del brazo diestro sin impedimentos, principalmente, para disparar la lanza. También utilizan arco, armadura y escudos, y fabrican sus cascos, cinturones y vestidos con las pieles de los animales salvajes. Reservan dos meses al año, en primavera, para subir al monte que las separa de los gargareos. Ellos también suben, según una vieja costumbre, celebran juntos un sacrificio y se unen para procrear; y, cuando quedan embarazadas, se despiden. Las que paren una niña, la conservan, mientras que a los niños se los llevan a los gargareos para que ellos los críen" (trad. M. Alganza Roldán).

"Héctor y sus compañeros traen de Tebas la santa
y de la bella corriente del Placia, en sus naves, que surcan
el mar salobre, a la tierna Andrómaca, de ojos oscuros;
y brazaletes de oro, muchos, y mantos de púrpura
que el viento revuelve, prendas de fina labor, e incontables
copas de plata para beber, y muchos marfiles."

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