La tendencia a feminizar la anatomía de las Sirenas, las Gorgonas y otros monstruos, y a identificarlas con mujeres no solo refleja la misoginia de una cultura patriarcal que excluía a la mayoría de las mujeres de la educación y a todas, de la participación política, sino también el carácter antropocéntrico del imaginario griego.
De hecho, en los relatos míticos, a diferencia de las fábulas, los animales no desempeñan papeles protagonistas: funcionan como meros “agentes” de los dioses para castigar a los mortales, como ocurre con el ya mencionado jabalí de Calidón, o para probar el valor de los héroes, como las fieras que Heracles captura o aniquila en el curso de sus Trabajos (Unidad 5.2); en otro sentido, las cualidades que se le atribuían a los animales, servían para describir el carácter de los héroes: Homero (Ilíada, 15. 630 ss.), por ejemplo, compara a Héctor, el campeón troyano, con un león.
No hay ningún testimonio en la mitología griega de metamorfosis de un animal en hombre; sin embargo, es frecuente el fenómeno contrario, sea a modo de disfraz protector (Zeus convierte en vaca a su amante Ío para ocultarla de Hera: Unidad 3.1), o bien como un castigo (Atenea transforma a Aracne en araña y Dioniso, en murciélagos y aves nocturnas a las hijas de Minias: Unidad 3.2; 4.1). Zeus es un caso particular, ya que tanto en la tradición literaria como en la figurativa suele adoptar la figura de distintos animales en sus aventuras amorosas (Unidad 3.1).
El antropomorfismo de los dioses trasciende lo puramente anatómico: ciertamente, su régimen alimenticio es especial (comen “ambrosía” y beben “néctar”), pero tienen sexualidad, procrean y experimentan las mismas pasiones que los seres humanos, y sus relaciones se guían, en lo fundamental, por los usos sociales e instituciones vigentes entre los griegos. Sin embargo, estas semejanzas no implican la identificación absoluta entre dioses y hombres, porque, más allá del parecido psicosomático, poseen distintas naturalezas: “dios” e “inmortal” eran términos sinónimos y, a la inversa, también lo eran “humano” y “mortal”. Por otra parte, los dioses presentan todas las cualidades humanas (fuerza, agilidad, belleza, inteligencia, astucia, etc.) en grado superlativo, un hecho que las descripciones literarias enfatizan y que, en algunas escenas rituales, se marca iconográficamente, representando a la divinidad con una estatura mayor que la de los fieles (figs. 20-21).