La toma en cuenta de la plana cronología arroja otros datos de interés: los años que van desde 1922 a 1926 son de alternancia entre Granada y Madrid, adonde el poeta ha llegado en 1919. Aunque a distancia, Lorca sigue en contacto con los jóvenes granadinos que integran la tertulia del «Rinconcillo» y participa en sus actividades. Por ejemplo, la invención del poeta apócrifo Isidoro Capdepón, que es propuesto en 1923 para ocupar un sillón en la RAE, una broma en la que colaboran decisivamente Melchor Fernández Almagro y Antonio Espina (cf. Andrés Soria Olmedo). Don Isidoro, que representa la poesía antigua, es objeto de burla por parte de los modernos, y vuelve a aparecer en 1928, cuando Lorca y otros amigos de Granada, más jóvenes que los del «Rinconcillo», impulsan la revista Gallo.
Por otra parte, en Madrid, las sucesivas estancias en la Residencia de Estudiantes permiten al poeta relacionarse con las personalidades artísticas de Dalí y Buñuel (cf. Agustín Sánchez Vidal). Con Dalí idea un Libro de los putrefactos, que no llegó finalmente a concretarse porque Lorca no entrega el texto que había de acompañar los dibujos del pintor («putrefactos» eran los enemigos de lo nuevo en arte, literatura o actitud mental).
Más adelante, a finales de los años 20, los surrealistas Buñuel y Dalí, que tienen duras críticas para la poesía «tradicional» de Lorca, también consideran a Juan Ramón Jiménez el jefe de la putrefacción lírica española. El granadino había llegado a Madrid con una carta de presentación para el autor de Platero y yo, escrita por Fernando de los Ríos; y en 1924 el matrimonio Jiménez es recibido por la familia del «cárdeno poeta granadí», tal y como lo llamará el de Moguer. Juan Ramón escribe entonces algunos textos del conjunto Olvidos de Granada, que no llegó a publicar como libro, pero que ha sido reconstruido y editado con posterioridad. Sin llegar nunca a los extremos de Buñuel y Dalí, el autor de Canciones ya desliza una velada crítica hacia el Juan Ramón Jiménez de la poesía pura, o más bien desnuda:
«En el blanco infinito,
nieve, nardo y salina,
perdió su fantasía»
«J.R.J.», poema perteneciente a la sección «Tres retratos con sombra»
El ambiente krausista y liberal de la Residencia, al que asimismo contribuye Jiménez, y su afán de sincronizar la cultura española con la más cimera de Europa –por la «Resi» pasan figuras de tanto relieve como Bergson, Einstein o Valéry– no están reñidos con otras iniciativas lúdicas de los estudiantes como los «anaglifos» (breves y disparatados poemas de cuatro versos en los que el tercero había de ser invariablemente «la gallina») o la Orden de Toledo, fundada por Buñuel, que obligaba a los que ingresaban en ella a pasar una noche en blanco por los laberintos callejeros de la ciudad pintada por El Greco.