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5.2. Japón: arrozales inundados (los Tanada)

El regadío tradicional japonés es un ejemplo notable de adaptación agrícola a un entorno geográfico y climático complejo. Japón es un país montañoso  y con un clima que combina lluvias intensas en verano con inviernos fríos. Estas condiciones dieron lugar a sistemas de riego precisos y altamente organizados, que permiten maximizar la producción de arroz, alimento básico de la dieta japonesa.

Uno de los elementos más distintivos del riego japonés son los arrozales inundados, conocidos como tanada, ubicados tanto en llanuras como en terrazas. En las laderas de las montañas se encuentran estas tanadas, arrozales abancalados. Este tipo de cultivo permite aprovechar la limitada tierra cultivable de Japón, dado que cerca del 70% del país está cubierto por montañas o colinas. Cada terraza retiene el agua de lluvia y regula su flujo, actuando como una especie de presa natural que evita que el agua se pierda directamente al mar. Gracias a esta técnica, los Tanada no solo aseguran el riego de los cultivos, sino que también contribuyen a la conservación del agua en el suelo y la prevención de la erosión.

Los Tanada son también paisajes culturales con un enorme valor ecológico. Su construcción aprovecha el entorno natural, generando hábitats para numerosos animales, insectos y plantas que difícilmente sobrevivirían en áreas urbanizadas. Por ello, estos arrozales cumplen una función ecológica importante, protegiendo la biodiversidad local y manteniendo ecosistemas tradicionales. Además, crean paisajes no solo de gran belleza estética, sino de valores históricos y culturales. Un ejemplo emblemático es Shiroyone Senmaida, en la prefectura de Ishikawa, donde los arrozales se extienden en terrazas frente al mar, creando un contraste impresionante entre el azul del océano y el verde intenso de los campos.

Además, en el regadío japonés destacan canales comunitarios (kōji), que derivan agua de ríos, arroyos o pequeños embalses hacia los arrozales. La gestión tradicional es colectiva: los agricultores coordinan turnos de riego, mantenimiento de presas y limpieza de canales, asegurando un uso eficiente del agua y equidad entre los usuarios. En áreas montañosas, los Tanada se combinan con pequeños embalses o estanques (ike), que almacenan agua de lluvias y la liberan durante los periodos secos, mejorando la resiliencia del sistema.

Figura 14: Tanada. Fuente: Web Japón

En conjunto, los arrozales inundados y los sistemas de canales japoneses muestran cómo la ingeniería agrícola tradicional combina eficiencia técnica, sostenibilidad ecológica y valores culturales. Producen alimentos, conservan el agua, protegen la biodiversidad y generan paisajes icónicos que reflejan la relación armoniosa entre la sociedad japonesa y su entorno natural.

Conocer

Para saber más:  Revista de agroecología.