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3. Problemas de la divulgación

 

La experiencia nos dice que comunicar la ciencia supone, por lo general, remar al mismo tiempo contra tres corrientes: la resistencia natural de los centros y de la comunidad científica, la actitud y dificultades que aportan los medios de comunicación y, por último, pero no por ello menos importante, el problema de los ciudadanos para entender la ciencia y la tecnología que se pretende comunicar. Tres culturas sólidamente arraigadas y poco favorecedoras que, en términos de comunicación, afectan al emisor, al cauce y al receptor. Una situación que hace, sin embargo, que el desafío sea mucho más apasionante.

Veamos detalladamente cada uno de estos elementos comunicativos:

Emisor

Disociar la investigación del deseo de comunicar al gran público es permanecer en la torre de marfil, sentarse en el Olimpo del conocimiento y esperar, con una suficiencia trasnochada, a que los medios vengan a nosotros para suplicarnos que les demos parte de nuestros maravillosos tesoros. Rara vez esto funciona así. Investigadores e investigadoras y profesionales del ámbito de la salud deben involucrarse en ‘cerrar el círculo’, esto es, en transmitir su conocimiento a la sociedad. Es antológica la anécdota en la que Richard Feynman, Premio Nobel de Física, le respondió a un periodista que le pidió que le explicase muy brevemente su mérito para recibir dicho galardón. “Si pudiera explicar a una persona normal y en pocos minutos mi trabajo, quizás no hubiera merecido el premio nobel”, le comentó. 
Si hoy en día nadie debe (ni en realidad puede) permanecer aislado, al margen de la sociedad a la que sirve, menos aún debe hacerlo un centro público de investigación o universidad que vive de los contribuyentes.

Canal

Convertir la ciencia en mensajes comprensibles para la ciudadanía supone numerosas dificultades nada comunes en relación a la comunicación de otro tipo de contenidos. Vamos a detenernos un poco en tres de estas dificultades. La primera proviene de su misma esencia: la ciencia nace de la abstracción, y penetrar en estas profundidades, cuando vivimos sumidos -al menos en los países de nuestro entorno- en la cultura de la apariencia y en la superficialidad, exige de nuestra mente un esfuerzo especial. La segunda dificultad radica en que entender la ciencia exige sumergirse bajo el plano de lo concreto, puesto que uno de sus objetivos radica en encontrar leyes que permitan describir fenómenos y prever acontecimientos. Será muy difícil enunciar las leyes físicas y los comportamientos que encierran sin envolverlos en formulismos matemáticos. Y, por último, la ciencia se desarrolla mucho más deprisa que su asimilación por los ciudadanos. En otras palabras, los hallazgos o conocimientos científicos van a mayor velocidad que nuestra capacidad de entendimiento de los mismos (según el Instituto Tecnológico de Massachusetts, el 95 por ciento de lo que sabremos en 2077 se habrá descubierto dentro de los próximos 50 años).
Respecto a los medios de comunicación, y en esto profundizaremos más a lo largo de este módulo, son más importantes para ellos las hazañas del músculo que las del cerebro, y lo podemos constatar con el reciente ejemplo de la apabullante cobertura mediática que ha tenido el último Mundial de Fútbol. Así las cosas, los medios de comunicación, que son nuestra mejor oportunidad y coartada para la divulgación de la ciencia, pueden convertirse en un primer obstáculo. Constituyen una primera frontera que atravesar, instrumentos que deben ser ganados previamente para la causa de la comunicación científica.

Receptor

Una encuesta que se realizó por la revista Muy Interesante a principios de este segundo milenio arrojó datos estremecedores: casi un tercio de los entrevistados -el equivalente a 8 millones de españoles, según la muestra utilizada- todavía pensaba que el Sol gira alrededor de la Tierra. En resumen, millones de ciudadanos vivían entonces culturalmente en épocas anteriores a Copérnico y Galileo (Pardina, 1999) ¿Cuál es la situación hoy en día? Si bien parece que ha aumentado el interés de la ciudadanía en la ciencia en los últimos años, no está en situación de competir aún con otras temáticas, como los deportes o la situación laboral.

Otra dificultad para el engagement de la ciencia parte de la manera natural de entender las cosas o lo que podríamos denominar el efecto escalera. No se puede llegar a los escalones más altos sin antes haber recorrido los de primer nivel. Explicar un logro supone desencadenar en el receptor una serie de preguntas, tan lógicas como previas, sin las cuales la primera proposición será imposible de entender. Esta es la dificultad propia del razonamiento deductivo. Por ello, las instituciones públicas y los organismos de investigación tienen una ardua tarea en la puesta en marcha de programas y proyectos para avanzar en la difusión de la ciencia y, por ende, en el aumento de la cultura científica.

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