Saltar la navegación

7. Italia

Infografía creada con IA para fines educativos. (CC BY-NC-ND)

Italia se ubica en el sector central de la cuenca mediterránea. Tiene costas en cuatro mares (Liguria, Tirreno, Jónico y Adriático), y su litoral cuenta con una longitud de aproximadamente 7.500 km. El territorio se subdivide en cuatro regiones fisiográficas (Todorovic et al., 2007):

a) Al norte

En el norte se sitúa la cadena montañosa de los Alpes, con altitudes que alcanzan los 4.800 msnm.

b) Al sur

Al sur de los Alpes se encuentra la llanura de la cuenca del río Po.

c) En la península

La propia península, con los Apeninos en su sector central y la franja costera.

d) Dos grandes islas

Sicilia al sur de la península y Cerdeña al oeste. Las tierras bajas, planas y valles cubren el 23,2% del territorio; las áreas montañosas, el 35,2% y las colinas, el restante 41,6%.

El clima es muy variado debido a la diversidad de factores hidrográficos y orográficos, su elongación de norte a sur y su exposición a varios mares. Las precipitaciones son relativamente abundantes, con un promedio anual de 1.000 mm, pero están desigualmente distribuidas. Así, las áreas costeras del sur registran lluvias de menos de 400 mm, concentradas entre octubre y marzo, mientras que en las áreas alpinas del norte alcanzan los 3.000 mm.

Asimismo, las características geomorfológicas de la red hidrográfica son muy diversas, con grandes cuencas fluviales en el norte, cuerpos de agua de tamaño medio en el centro y, en forma de arroyos irregulares, en el sur y en las islas. Las áreas empleadas en la agricultura para fines de producción e irrigación se concentran a lo largo de las áreas litorales y en valles de pequeño y mediano tamaño, además de algunas llanuras extensas, como la del río Po, Agro Pontino, de Foggia, Catania y Oristano (Zucaro, 2014).

De este modo, los recursos hídricos están distribuidos de manera desigual. En el sector septentrional se encuentra el 59,1% de los recursos potencialmente utilizables, y en el resto del país el 40,9%. Las regiones meridionales registran problemas hídricos, especialmente durante los meses estivales. Por tanto, la productividad de los cultivos en el sur de Italia está influenciada por las escasas precipitaciones, de modo que el riego representa una práctica fundamental para aumentar y mantener la producción agrícola (Todorovic et al., 2007).

Como consecuencia de la variedad de precipitaciones, regímenes hidrográficos y climas, Italia presenta una amplia diversidad de paisajes y prácticas agrarias. La historia de la agricultura en el país ha consistido en una adaptación continua a un territorio conformado principalmente por colinas y áreas montañosas. En este sentido, el paisaje agrícola italiano se caracteriza por su notable verticalidad, a diferencia de otros espacios europeos dominados por grandes llanuras horizontales. Ello se debe a la presencia de terrazas y a las distintas formas de cultivo en las laderas de las colinas, lo que otorga a la agricultura italiana una fisonomía única y original.

Las extensas terrazas proporcionan superficies horizontales para cultivar en áreas de pendiente, aprovechando los terrenos montañosos y adaptándose de manera efectiva a las condiciones ambientales difíciles. Las primeras evidencias de terrazas en Italia se remontan al Neolítico, aunque la mayoría de estos paisajes datan del siglo XIX, ya que la elevada presión demográfica conllevó un incremento de la agricultura en montañas y laderas. Numerosas áreas aterrazadas albergan cultivos variados, como vid, olivo y, frecuentemente, huertos frutales (Agnoletti, 2013).

El riego en Italia tiene orígenes antiguos. Desde la época de los etruscos, en las regiones centrales del país, las prácticas de irrigación se han implementado de forma frecuente (Istituto nazionale di economia agraria [INEA], 1965, citado en Zucaro, 2014). Las diversas civilizaciones han contribuido al desarrollo de la actividad agraria, con la introducción de nuevas técnicas de cultivo y formas de recogida y uso del agua. Así, el paisaje agrario italiano alberga múltiples estructuras de diferentes periodos, como acueductos, fuentes, canales, cisternas o pozos.

Los romanos emplearon el riego de manera extensiva mediante el uso de recursos de agua dulce y subterránea, resultado de iniciativas de agricultores individuales (Zucaro, 2014). Las centuriaciones romanas conforman una parte esencial del paisaje agrícola italiano, con una significativa variedad de formas. También destacan las presas de retención en áreas montañosas, donde los romanos aprovecharon los cursos superiores de los ríos y remodelaron el terreno. Algunas continúan protegiendo la estabilidad del terreno actualmente, como la presa de Lugnano en Teverina, en Umbría (Agnoletti, 2013).

Durante la dominación árabe se efectuaron las primeras obras de riego colectivas, principalmente en Sicilia, aunque también en áreas litorales como Calabria, Puglia y Campania. En el norte y en algunas áreas del centro, ha habido una creciente tendencia hacia las formas colectivas de asociaciones y la expansión de áreas irrigadas mediante obras y desecación que datan de la Edad Media. En el sur y en las islas, la situación política e histórica limitó actividades similares (Zucaro, 2014). 

En este contexto de avances y transformaciones, el valle de Palermo emerge como un ejemplo singular de la ingeniería hidráulica medieval, donde la influencia islámica dejó una huella profunda en los sistemas de riego, con infraestructuras subterráneas que han marcado el paisaje agrícola. La “revolución verde” islámica innovó los sistemas de riego en la isla y difundió nuevos cultivos. No obstante, es posible reconocer canales subterráneos de épocas anteriores (Todaro et al., 2020).

La llanura de Palermo, con una extensión de unos 100 km2, posee una morfología uniforme y un escaso gradiente topográfico, que varía desde pocos metros sobre el nivel del mar en el litoral hasta unos 100 metros en la franja del piedemonte. Dispone de dos acuíferos, uno superficial y secundario, caracterizado por una permeabilidad hidráulica y porosidad, y otro principal, más profundo, de calizas y dolomías, altamente productivo y conectado con las montañas circundantes. El déficit hídrico estival, con largos periodos de sequía, y la insuficiencia de manantiales y ríos perennes, han conllevado el aprovechamiento de las aguas subterráneas desde la antigüedad, mediante la excavación de túneles de captación y canalización a la superficie (Todaro, 2020).

La hidrología del valle de Palermo ha permitido el aprovechamiento de los recursos hídricos en la superficie, presentes en los manantiales de las faldas montañosas, así como el agua subterránea del freático mediante el uso de sistemas de galerías o qanats, denominados ingruttati en dialecto siciliano (Todaro, 2014). Como consecuencia de ello, la capa subterránea de la llanura presenta una serie de galerías (cunicoli) que capturan el agua del nivel freático y, mediante gravedad, la transportan hacia la superficie, creando manantiales y suministrando agua potable a Palermo mediante tuberías llamadas catusi e incatusati (Lofrano et al., 2015). Así, durante el periodo islámico, Palermo se convirtió en una ciudad próspera y rica debido principalmente a la difusión de estos sistemas, que posibilitaron el desarrollo de una fructífera agricultura de regadío en la llanura de Palermo.

El estudio de (Todaro et al., 2020) identifica 63 ingruttati actualmente en el valle de Palermo y los clasifica en cuatro categorías hidráulicas:

1. Qanat

El qanat consiste en una galería de drenaje sencilla que permite que el agua subterránea fluya hacia la superficie por gravedad. Se han identificado 20 qanats en el valle, concentrados principalmente al oeste de la ciudad. Los más antiguos son los túneles de Danisinni y Scibene, que datan al menos de la época medieval.

2. Qanats ciegos

Los qanats ciegos tienen su salida final en pequeños pozos. El agua se extraía mediante sistemas de rueda de agua o, más recientemente, bombas hidráulicas. Se localizan principalmente en áreas con pendientes escasas, con una capa freática poco profunda. Se han censado 13 infraestructuras de este tipo en varias áreas.

3. Pozos

Pozos conectados. Los excavadores mejoraron la eficiencia y caudal de los pozos mediante túneles que conectaban a varios de ellos a distancias variables. En el pozo principal se insertaba una noria para extraer un mayor suministro de agua. En Palermo se han identificado 14 pozos conectados.

4. Galerías de drenaje

Las galerías de drenaje emergentes son dispositivos utilizados para interceptar y recolectar el agua subterránea que atraviesan. Se componen de una galería o zanja con una pendiente suave que permite que el agua fluya hacia la salida. Se han identificado 16 galerías de este tipo en el sur del valle de Palermo. Un ejemplo destacado es Ciaculli, cuyo manantial sigue activo y se utiliza para regar huertos.

Por tanto, las infraestructuras hidráulicas subterráneas desempeñaron un papel relevante en el avance cultural y socioeconómico de Palermo. La disponibilidad de agua favoreció el desarrollo, y las obras destinadas a controlar los recursos subterráneos han perdurado hasta la actualidad. De hecho, algunos qanats pueden visitarse, como Gesuitico Basso, Gesuitico Alto y Uscibene, aunque la mayoría están actualmente en estado de abandono. Asimismo, las norias (también denominadas senias en Sicilia) son frecuentes en la isla italiana y se han comparado con los modelos egipcios, sirios y magrebíes (Todaro et al., 2020).

En definitiva, la compleja geografía y diversidad climática de Italia han conllevado una amplia diversidad de paisajes agrícolas caracterizados por una continua adaptación. Desde las antiguas prácticas de riego hasta las modernas infraestructuras hidráulicas, el desarrollo de los sistemas de riego ha sido crucial para maximizar el uso de los recursos hídricos y asegurar la prosperidad agrícola. Las áreas dedicadas a la irrigación se concentran principalmente en extensas terrazas y pequeños valles, así como en llanuras como las del río Po, Capitanata o Catania.  Ejemplos como las obras romanas, las norias o los qanats medievales de Palermo reflejan la significativa tradición de ingeniería hidráulica que ha marcado el desarrollo agrícola del país.