En el desierto del Sahara existe una acusada escasez hídrica, con unas precipitaciones exiguas, lo que genera una ausencia de vegetación. En estos ambientes áridos, con temperaturas diurnas muy elevadas, se produce una elevada evapotranspiración. En estas condiciones, la población allí asentada ha de adaptarse al medio con la utilización racional de los escasos recursos hídricos. La desaparición rápida de los flujos superficiales genera la presencia de afloramientos salinos, denominados localmente sebkhas o chotts. En los bordes de estas formaciones salinas se sitúan los oasis, que son espacios donde se adoptan técnicas de riego adaptadas a estos ambientes secos. Suelen presentar una forma compacta, en ocasiones fortificada, que se denomina ksar.
Los oasis han dependido históricamente de un sistema de captación de aguas subterráneas, llamado Foggara en Argelia, Khettara en Marruecos y Mkayel o Nkoula en Túnez. La técnica, que se originó en Persia hace unos 3.000 años, recibe el nombre de Qanat o Karez y sigue asegurando la irrigación de los oasis saharianos. Este sistema de regadío y abastecimiento humano consiste en una galería drenante, que es "un túnel horizontal realizado por debajo de la superficie terrestre con el objetivo de captar y extraer el agua de las capas freáticas, para que fluya al exterior por la acción de la gravedad" (Antequera Fernández, 2015). Los qanat o foggara se caracterizan por disponer de varios respiraderos o pozos de aireación verticales que conectan el techo de la galería con la superficie, que facilitan su construcción y mantenimiento. Suelen situarse a intervalos regulares y presentan en superficie una hilera de cráteres donde se depositan los materiales removidos durante su construcción.
Las galerías drenantes en el sector oriental y suroriental de la Península Ibérica. Identificación, análisis y gestión patrimonial. Tesis doctoral, Universitat de València, 1291 pp.
En Túnez tenemos algún ejemplo de galería drenante desde época romana, como las del Templo de las Aguas (Zaghouan), Ain Nasr Allah (Kairouan), Bir El Adine (Kairouan) y Ain Oued Kharroub (Sousse) (Gauckler,1897-1912; Solignac, 1952; Fansa, Antequera y Hermosilla, 2017). La construcción de las foggara en los oasis argelinos se produce entre los siglos XI y XII en el Sahara argelino, aunque existe controversia sobre su origen y el modo de difusión. En Marruecos, Oleil (1994) afirma que en Tafilalet algunos investigadores sostienen que las khettara ya existían en la ciudad de Sijilmasa antes del siglo VIII. En Marrakech el primer registro de khettara data de la fundación de la ciudad, a mediados del siglo XI (El Faiz y Ruf, 2010).
El sistema de las foggaras en el Sahara permitió el paso del nomadismo a la sedentarización, al establecer y mantener los oasis. La función principal era ofrecer a los viajeros y a las caravanas una última parada antes de cruzar el desierto. Este caudal desarrolló una agricultura que alimentaba a los autóctonos y aseguraba las necesidades logísticas de las caravanas. Jean Savornin (1947) escribió lleno de admiración que
Se puede decir que en el país de las fgagir [plural árabe de foggara] nunca llueve, pero, sin embargo, desde hace más de diez siglos, cada hora que pasa, la foggara más insignificante extrae varios metros cúbicos de agua subterránea cuya reposición pluviométrica resulta manifiestamente imposible
Moussaoui, 2011
Según Amine Kendoucia et al. (2013), el ingenio de las foggaras proviene de su diseño y de la adaptación al clima y a las condiciones de vida saharianas. Aseguran un flujo constante de agua sin riesgo de agotamiento del nivel freático, ya que drenan únicamente la capa superior de agua, sin provocar su descenso ni absorber más cantidad que la de su capacidad de renovación. La galería drenante limita la evaporación al mínimo (Yazdi y Khaneiki, 2010). Además, se benefician del drenaje capilar del microflujo en la arena y por el agua recogida con las denominadas precipitaciones ocultas (condensaciones nocturnas), fundamentales en el desierto. Como señala Pietro Laureano (2005), el oasis es un sistema autocatalizador en el cual el primer suministro de condensación y humedad se incrementa por la plantación de palmeras que proporcionan sombra, atraen organismos y producen humus.
El caudal de la foggara sale a la superficie mediante acequias (seguias). La mayoría de foggaras en el Sahara realiza la distribución del agua con el método volumétrico. El volumen es medido por los maestros del agua (kiel-el-ma), mediante una chapa de cobre rectangular con pequeños agujeros circulares de diversos diámetros (hallafa). Cada agujero representa una unidad de medida. El agua se subdivide después según las cuotas de cada propietario y sirve para determinar la amplitud de aperturas que se deben perforar en la kasria, que es un depósito triangular con una piedra en forma de peine que funciona como distribuidor del agua (Laureano, 2005). A través de herencia, matrimonio o compraventa, las cuotas de agua siguen fragmentándose o unificándose. El sistema de la kasria representa la evolución temporal del sistema de propiedad, ya que registra el paso de las generaciones, sus vínculos y las propiedades familiares, en una trama de parentesco físicamente construido por una red de canales (Marouf, 1980). Para Moussaoui (2011), la kasria asegura un reparto proporcional y equitativo del agua, independientemente de las fluctuaciones de caudal. Aunque la kasria primera es la más importante, puede haber otras secundarias más adelante, en función de los grupos de propietarios (yema’a).
Las foggaras de fuentes, montañas y oueds (ríos estacionales) distribuyen el agua mediante el método horario. Es un sistema por turnos en el que cada propietario dispone de un tiempo determinado para la irrigación de su huerto. Este método se produce en las khettara de Tafilalet (Marruecos) y en las foggara de Moghrar (Naama) y de Hanou en la región de Adrar. A diferencia de las foggara medidas con el método volumétrico no poseen kasria (Remini, Achour y Kechad, 2010).
Messaitfa (s. f.) señala que la técnica de irrigación mediante foggara es un elemento clave en la estructura mental y espiritual de los habitantes de los oasis, y constituye el fundamento de su organización social.
En las últimas décadas, la perforación de nuevos pozos para la irrigación de nuevos terrenos provoca la bajada de los niveles piezométricos del acuífero Continental Intercalar y, en consecuencia, el agotamiento o la reducción del caudal de las foggaras en los oasis del Sahara. La falta de mantenimiento también genera problemas para su conservación.
En Argelia es difícil determinar el número de foggaras existentes. Remini, Achour y Kechad (2010) estiman que hay más de 1500, de las cuales unas 900 (61%) estaban en funcionamiento. En Túnez, las publicaciones de Hermosilla y Moussa (2011, 2012, 2013) y de Fansa, Antequera y Hermosilla (2017) catalogan 125 galerías drenantes en el país, de las cuales únicamente el 11% poseen caudal. En Marruecos, en la región de Marrakech, se han constatado cerca de 600 khettara (El Faiz, 2002; El Faiz y Ruf, 2010), aunque en su mayor parte se encuentran abandonadas actualmente. Por su parte, en el oasis de Tafilalet hay otras 400, de las cuales la mitad se encuentran en uso.