Saltar la navegación

4.. Egipto

Desde hace unos 5.000 años, la civilización egipcia se ha basado en la agricultura hidráulica, como así lo atestiguan diversos estudios arqueológicos. Los limitados recursos hídricos disponibles en el Antiguo Egipto fueron gestionados de manera muy eficiente mediante métodos organizados de conservación y desvío del agua. Egipto está situado en medio de un inmenso desierto, con un perímetro de tierras acondicionadas y cultivables en un estrecho valle y un delta sumergidos cada año por la crecida del río Nilo (Mazoyer y Roudarty, 2016). La construcción de canales para los sistemas de estanques y cultivos de decrecida de invierno supuso un gran esfuerzo liderado por los faraones y sus sirvientes (Bazza, 2006). En torno al año 3.100 a.C. Menes unificó los dos grandes reinos del Alto y el Bajo Egipto bajo el mandato de un único faraón. El éxito de la civilización egipcia antigua, que perduró unos 3.000 años, se debió en parte a su capacidad para adaptarse a las condiciones del Valle del Nilo. Las inundaciones predecibles y el riego controlado del valle fértil producían cosechas excelentes, que impulsaban el desarrollo social y cultural (El-Gohary, 2012).