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4.1. Sistemas de cultivos de decrecida de invierno

El historiador griego Heródoto (siglo V a.C.) afirmaba que “Egipto es el regalo del Nilo”. Su cauce se desbordaba cada año a consecuencia de las precipitaciones tropicales que se producían en las Tierras Altas de Etiopía (Noaman y El Quosy, 2017). La regularidad y riqueza de las inundaciones anuales, junto con el semiaislamiento que proporcionaban los desiertos al oeste y el este, permitieron el desarrollo de una de las grandes civilizaciones del mundo (Satoh y Aboulroos, 2017). Los egipcios comenzaron a introducir el riego controlado mediante la creación de estanques de decrecida, lo que permitía cultivar las llanuras de inundación del río donde los fértiles sedimentos en forma de limo se iban asentando.  

El método de riego mediante estanques de decrecida suponía la entrada de una gran cantidad de agua por la inundación del Nilo en un corto periodo de tiempo. Uno de los objetivos era reducir la velocidad del agua de la inundación y disipar así su energía (El Quosy y Khalifa, 2017). Se preparaban estanques de decrecimiento mediante la construcción de diques que encerraban las depresiones naturales del terreno, independientes unos de otros, aunque conectadas mediante desagües. Estos diques debían permitir, en primer lugar, retener las aguas de la crecida el tiempo necesario para humedecer el terreno y garantizar la sedimentación de los aluviones. En segundo lugar, deben proteger los estanques así acondicionados de posibles crecidas. Y finalmente, la construcción de cadenas transversales y longitudinales de estanques permitió el acondicionamiento de una superficie regable en el valle cada vez más extensa (Mazoyer y Roudart, 2016). 

Mays (2008) señala que este tipo de riego por inundación se nutría mediante canales de alimentación o evacuación que unían los diferentes estanques. Los diques que separaban los estanques de decrecida disponían de desagües, regulados mediante controles de mampostería que se cerraban con piedras y tierra para mantener la humedad, y se abrían cuando se necesitaba que el agua sobrante fluyera de nuevo al río cuando la inundación retrocediera. En los años donde la avenida no había sido abundante, el agua drenaba hacia el siguiente estanque de decrecida en lugar de retornar al río. La red de canales y diques era extremadamente frágil y tendía a obstruirse, lo que requería constantes trabajos de limpieza y mantenimiento. 

El sistema de los estanques de decrecida se desarrolló de manera completamente natural, ya que se adaptaba notablemente a la topografía, especialmente en el valle, que es estrecho y con pendiente. En el delta, la crecida llega más tarde y el agua permanece menos tiempo en los estanques. La configuración de la llanura inundable facilita la construcción de diques longitudinales (Hamdan, 1961). 

Durante las crecidas más altas, los diques se destruían, las aldeas se inundaban y perecían miles de personas. Sin embargo, las crecidas menos abundantes podían provocar hambrunas y la muerte por inanición de personas y animales (Bazza, 2006). Pero como indican Mazoyer y Roudart (2016), el conjunto de estanques permitió distribuir de forma más equitativa las crecidas insuficientes y también amortiguar las excesivas, extendiéndolas y escalonándolas. Los canales de alimentación permitieron transportar las aguas de la crecida hacia terrenos pocas veces o nunca alcanzados por la inundación natural. Según el geógrafo griego Estrabón (siglo I a.C.-siglo I d.C.), el sistema de riego comunal egipcio estaba tan admirablemente gestionado: “...que el arte conseguía a veces suplir lo que la naturaleza negaba, y, mediante canales y terraplenes, no había gran diferencia en la cantidad de tierra irrigada, ya fuera la inundación deficiente o abundante”.

Las crecidas cíclicas del Nilo se producían de junio a noviembre, por lo que los terrenos ubicados en la llanura aluvial y el delta quedaban cubiertos de agua. Una vez que las aguas de la inundación se retiraban, los agricultores podían sembrar cultivos de invierno que se cosechaban en primavera. Según El-Gohary (2012), los egipcios reconocían tres estaciones: Akhet (inundación), Peret (siembra) y Shemu (cosecha). Esta agricultura de invierno tenía el carácter de una economía de subsistencia, por lo que los cereales como el trigo, la cebada y el mijo constituían la base. Se alternaban con leguminosas (guisantes y lentejas) o plantas forrajeras (trébol de Alejandría) y con cultivos industriales como el lino. 

Los antiguos egipcios desarrollaron un sistema para medir la altura del Nilo en varios puntos del país. Este monitoreo les permitió comparar los niveles diarios del río con los de años anteriores. Había al menos unos 20 “nilómetros” espaciados a lo largo de su cauce. El nivel máximo de la inundación de cada año quedaba consignado en los archivos del palacio y del templo (Noaman y El Quosy, 2017).