Los regadíos históricos se extienden por gran parte de la geografía española, aunque tienen una especial significación en el ámbito mediterráneo y en las cuencas de los ríos Ebro y Guadalquivir. Son el resultado de una evolución histórica que los ha configurado. Forman parte del patrimonio hidráulico español y reúnen los rasgos que definen a todo hecho patrimonial: la durabilidad, porque en cierta medida permanecen en uso; la evolución a lo largo del tiempo, mediante el proceso de formación de los espacios irrigados; y la concienciación de la sociedad del valor cultural de los regadíos históricos.
El espacio hidráulico se articula mediante la configuración de tres factores técnicos que condicionan la morfología y las dimensiones de los sistemas de regadío:
- La localización del lugar de captación del agua, del acuífero.
- La naturaleza del espacio por donde discurre el agua, condicionada por la pendiente y por el principio geográfico de la gravedad.
- El espacio estricto de irrigación, estructurado mediante las parcelas regadas. Los espacios hidráulicos históricos son en la actualidad el reflejo de las sociedades que los han creado, ampliado o modelado, por lo que es determinante la influencia del factor social en su configuración (Hermosilla, 2010).