Este MOOC trata sobre los sistemas tradicionales de regadío y los manejos históricos de agua. Es una temática aparentemente muy específica, pero, en realidad, nos llevará a plantear cuestiones fundamentales no solo sobre nuestro pasado, sino también sobre nuestro presente y futuro: la relación del ser humano con la naturaleza, la capacidad de adaptación mutua, de aprovechamiento de los recursos, de modificación del medioambiente y de generación de equilibrios y paisajes culturales de base agraria, la sostenibilidad y la conservación, la resiliencia, la gobernanza y gestión y, por supuesto, la actividad productiva.
El agua es, sin duda, uno de los temas más actuales y candentes en el contexto actual de crisis ambiental y, particularmente, de cambio climático. El agua es esencial para el desarrollo de la vida, en el sentido más amplio, pero también lo es para nuestra economía. De hecho, el agua dulce se ha ido convirtiendo y lo será aún más en las próximas décadas, en uno de los recursos más preciados, no solo desde el punto de vista económico, sino como elemento ligado al control y al poder. Siempre ha tenido una carga simbólica profunda y siempre ha sido un elemento a proteger, sobre todo en algunos contextos de escasez o donde el desarrollo de determinadas sociedades dependía directamente de ella. Hoy, en el contexto de cambio global, ha ido adoptando nuevos significados y representa, sin duda, un desafío. Como dice el título de este apartado introductorio, “el agua quema”. Esa es una de las expresiones populares de los agricultores de Granada que resume bien no solo la importancia, sino la dificultad de gestión, reparto y los conflictos que genera el agua.
Solo entre el 2,5 y el 2,7% del agua de la Tierra es dulce; el resto es agua salada, contenida en océanos, mares y algunas aguas subterráneas saladas. Casi toda el agua dulce de nuestro planeta tiene como origen la precipitación en la atmósfera terrestre, ya sea en forma de lluvia, nieve, nieblas o granizo. De esa agua, la mayoría se encuentra congelada, siendo las aguas subterráneas nuestra principal reserva y de la que se abastecen directamente hasta un tercio de la humanidad. Solo una proporción muy pequeña corresponde a lagos y ríos.
Así pues, el agua dulce es en realidad muy escasa y es, por lo tanto, un recurso natural limitado. Sin embargo, también es un recurso renovable, que solo puede reponerse a través del ciclo del agua y, como decimos, la precipitación que se produce tras el proceso de evaporación. A esto hay que añadirle el problema de la distribución a nivel planetario, con regiones donde el agua abunda y otras donde es realmente escasa, o con regiones donde se encuentran preferentemente en el subsuelo o se reparten anualmente de forma muy desigual.
Todo ello son factores a tener en cuenta de cara a las estrategias de aprovechamiento que históricamente el ser humano ha tenido, incluyendo la necesidad o posibilidad de regar o no. Estas estrategias, no obstante, han dependido no solo de factores geográficos naturales, sino de la propia capacidad del ser humano de adaptar el medio y transformarlo a lo largo de generaciones, mediante procesos coevolutivos de adaptación mutua. Los sistemas históricos de manejo de agua y de regadío son un magnífico ejemplo, uno de los más impresionantes, ricos y variados a lo largo del planeta.