PROPUESTA DE ACTIVIDAD: En la Red o consultando a los Tutores puedes ampliar la información anterior y, si te resulta interesante, comparte tus opiniones en el FORO de esta Unidad.
Actividad 1. Lectura
Lectura
Estos textos, el primero del historiador griego Diodoro de Sicilia (siglo I a.C.) y el segundo del poeta latino Ovidio (43 a.C.-17 d.C.), tratan sobre los orígenes del Universo. En ambos se aprecia la influencia tanto de la tradición mitológica, como de la filosofía: en concreto, del atomismo, corriente filosófica materialista cuyo principal representante fue Demócrito de Abdera (ca. 470-360 a.C.).
Los atomistas consideraban que la naturaleza de las cosas está constituida por pequeñas sustancias infinitas en número, que se hallan en un espacio vacío e infinito en extensión. Estos átomos se desplazan en el universo arremolinándose y, de este modo, producen todos los cuatro elementos primordiales de la materia, es decir, el fuego, el agua, el aire y la tierra, cada uno de los cuales están compuestos de ciertos y determinados átomos. Ovidio, además, se hace eco de las teorías sobre un dios creador (el “demiurgo”) defendidas por los seguidores de Platón y los estoicos.
TEXTO 1. Diodoro de Sicilia, Biblioteca histórica, 1. 7, 1-3
En el estado primero del universo, cielo y tierra tenían una misma especie, al estar mezcladas sus naturalezas. Más tarde, cuando sus cuerpos se separaron uno del otro, el universo tomó la ordenación general que en él vemos; el aire recibió un movimiento constante, y su parte ardiente se concentró en las zonas más elevadas, al ser una tal naturaleza volátil por su ligereza. A consecuencia de esto, el sol y la demás multitud de astros se vieron envueltos en el torbellino universal; lo fangoso y lo turbio, con su mezcla de elementos húmedos, se asentó en un mismo lugar a causa de su peso, y, tras girar en torno de sí y condensarse sin cesar, produce, a partir de los elementos húmedos, el mar, y a partir de los elementos sólidos, la tierra barrosa y completamente blanda. Pero cuando el fuego del sol comenzó a brillar sobre ella, tomó solidez (Traducción J. Campos Daroca -J. Mª. García González, Madrid, Ediciones Clásicas, 1995).
TEXTO 2. Ovidio, Metamorfosis, 1, 1-75
Antes del mar y de las tierras y de lo que todo lo cubre, el cielo, era único el aspecto de la naturaleza en el orbe entero, al que llamaron Caos, masa informe y enmarañada y no otra cosa que una mola estéril y, amontonada en ella, los elementos mal avenidos de las cosas, no bien ensambladas (…) Y así como es cierto que allí había tierra y mar y aire, de igual modo la tierra no era fija, las aguas no navegables, el aire desprovisto de luz: para nadie permanecía su propia figura y los unos obstaculizaban a los otros, porque en un solo cuerpo la frialdad luchaba con el calor, la humedad con lo seco, las cosas blandas con las duras, las que tenían poco peso con las que carecían de él. Un dios y una naturaleza mejor puso término a este conflicto; en efecto, separó el cielo de las tierras y de las tierras las aguas y apartó el transparente cielo del espeso aire. Después que diferenció estas cosas y las liberó del oscuro montón, unió en armoniosa paz a unos determinados lugares lo que había separado. La fuerza ígnea y sin peso del cóncavo cielo se elevó (…) cercano a él en ligereza y ubicación está el aire, más densa que éstos la tierra arrastró elementos de gran envergadura y se espesó con su propia gravedad; el agua que fluye en derredor se adueñó de los últimos lugares y mantuvo dentro de sus límites el mundo solidificado (…) Apenas había aislado así con lindes determinadas todas las cosas, cuando los astros, que durante largo tiempo habían estado oprimidos por una obscura niebla, comenzaron a brillar en la totalidad del cielo; y para que ningún territorio estuviese privado de los seres vivos que le son propios, los astros y las figuras de los dioses ocupan el cielo celeste, las aguas fueron a parar a los brillantes peces para que las habitaran, la tierra recibió a las fieras, a las aves el movible aire (Traducción C. Álvarez - R. Mª. Iglesias, Madrid, Cátedra, 20046).
Obra publicada con Licencia Creative Commons Reconocimiento No comercial Compartir igual 4.0