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1.2.2. Las Sirenas

 

En cuanto a las Sirenas, hijas del dios-río Aqueloo y de una de las Musas (Terpsícore o Calíope), en los testimonios artísticos más antiguos son aves con plumas y alas, y cabeza de mujer, una iconografía que alterna desde época clásica con la de criaturas híbridas, mitad pájaro y mitad mujer (fig. 15). Los mitos las vinculan, de una manera u otra, con el Más allá, ya que se creía que acompañaban a las almas al prado del Hades (Unidad 3.1). De ahí la presencia sobre las tumbas de una Sirena doliente o tañendo la lira (figs. 16-17). Homero (Odisea, 12, 30ss.) las describe apostadas en una pradera, rodeadas por los huesos de las víctimas de su irresistible canto. En efecto, del hechizo de las Sirenas sólo pudieron escapar los Argonautas, gracias a Orfeo, y Ulises con sus compañeros, poniendo en práctica los consejos de Circe (fig. 18)  (Unidad 5.1; 5.2).

Ovidio (Metamorfosis, 5, 555 ss.) identifica a las hijas de Aqueloo con las amigas que jugaban con Perséfone cuando Hades la raptó, y Apolonio de Rodas (III a.C), explica su conversión en pájaros como el castigo de Deméter por no haberla avisado de ello (Argonáuticas, 4. 496 ss.). 

A partir de la época helenística, los artistas resaltan sus encantos femeninos, como ilustra la versión del episodio de Ulises en una crátera apulia, donde las Sirenas llevan joyas y peinados sofisticados (fig. 19). La identificación de las Sirenas con mujeres y en concreto, con prostitutas, difundida en la Antigüedad tardía por autores cristianos como Eusebio e Isidoro, ya estaba en el mitógrafo Heráclito (Sobre mitos increíbles, 14)

En tiempos cuidaron de la poderosa hija de Deo, cuando aún era virgen, acompañándola en sus juegos. Pero en este tiempo en su aspecto se asemejaban a pájaros en parte y en parte a doncellas. Siempre acechantes desde la atalaya de un puerto excelente, muchas veces ya en verdad arrebataron a muchos el dulce regreso con mortal consunción.

Cuentan los mitos que éstas tenían naturaleza híbrida, las patas de ave y el resto del cuerpo de mujer, y que destruían a los navegantes. Pero eran cortesanas famosas, tanto por su arte con los instrumentos musicales, cuanto por su dulce voz, y bellísimas, con las cuales los clientes consumían sus riquezas  (trad. M. Alganza Roldán).

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