Las acequias de careo de Sierra Nevada constituyen un sistema de riego histórico único que combina ingeniería hidráulica tradicional, sostenibilidad ecológica y cohesión social. Estas infraestructuras, desarrolladas durante la época islámica, han sido mantenidas a lo largo de los siglos gracias a la gestión comunal, lo que refleja una interacción sostenible entre las comunidades humanas y su entorno natural. Su diseño y funcionamiento responden a un principio fundamental conocido como "siembra y cosecha de agua", que desvía los deshielos y las lluvias hacia áreas de alta permeabilidad en las laderas, permitiendo la recarga de acuíferos de ladera (Martos-Rosillo et al. 2019). Este proceso asegura un flujo gradual de agua durante las estaciones secas, regulando el caudal de los manantiales y ríos, lo que no solo beneficia a la agricultura, sino también a la biodiversidad y a los paisajes culturales.
La multifuncionalidad del sistema de acequias de careo ha sido estudiada por diversos autores. Jóder et al. (2022) y Martín-Civantos et al. (2023) destacan que estas infraestructuras se han consolidado como soluciones basadas en la naturaleza (SbN) que ofrecen beneficios ambientales, sociales y económicos, al mismo tiempo que demuestran una notable capacidad de resiliencia frente al cambio climático. Asimismo, Oyonarte et al. (2022) resaltan el papel de las acequias en la creación de paisajes biodiversos y su contribución a la sostenibilidad de los ecosistemas montañosos y muestran cómo las políticas de modernización podrían comprometer sus funciones tradicionales.
A: Esquema de funcionamiento hidrogeológico en una ladera de Sierra Nevada, donde las acequias de careo y de riego, y los retornos de riego por inundación, recargan los acuíferos en pendiente. B: Detalle de la zona de alteración en los afloramientos de esquistos por la que circula el agua subterránea. Los esquistos inalterados (D) actúan como base de baja permeabilidad de estos acuíferos.
Panorámica del tramo final de la acequia de careo del Espino, en la cuenca del río Bérchules. Se observan varias “simas” en las que se vierte agua para su infiltración y en las que se forman pastos de mayor verdor.
El análisis del sistema de riego en el municipio de Cáñar realizado por Vila-Traver (2015), enfatiza la capacidad de las acequias para regular los flujos hídricos y promover la cohesión social mediante la construcción de terrazas agrícolas que optimizan el uso del agua y reducen la erosión. Sin embargo, alerta sobre el impacto del abandono de estas prácticas, que ha reducido significativamente la biodiversidad y la capacidad de los ecosistemas para prestar servicios clave. Gálvez (2015) completa esta visión al destacar la importancia del conocimiento ecológico local (LEK) como pilar de la sostenibilidad de las acequias, señalando que su pérdida, debido al éxodo rural y a los cambios sociales, podría poner en riesgo el sistema.
De acuerdo con el estudio de Redrado (2023), este sistema de acequias genera, mediante sus servicios ecosistémicos, un Valor Económico Total (VET) anual significativamente mayor que los costos de su conservación. Por otro lado, el análisis pone de manifiesto la desigual distribución de costos y beneficios; así, mientras que las comunidades locales asumen la mayor carga, el resto de los usuarios del sistema (público en general) disfruta de sus beneficios. Como solución a esta injusticia ambiental, propone implementar esquemas de Pagos por Servicios Ecosistémicos (PES), la certificación de productos locales y el uso de medidas no financieras para fortalecer la gobernanza participativa y mitigar los conflictos.
En conjunto, todas estas investigaciones concluyen que las acequias de Sierra Nevada no solo son esenciales para la seguridad hídrica y la agricultura sostenible, sino que también desempeñan un papel crucial en la conservación de la biodiversidad, la mitigación de riesgos climáticos y el mantenimiento de paisajes culturales históricos (Cabello et al. 2026). No obstante, enfrentan desafíos contemporáneos como la intensificación agrícola, la modernización legislativa y la disminución de las poblaciones rurales. Su conservación requiere un enfoque integral que combine estrategias económicas, ecológicas y socioculturales, asegurando que este patrimonio invaluable siga beneficiando tanto a las comunidades locales como al entorno global en un contexto de creciente presión climática y social.
Figura 7: Ejemplos de servicios ecosistémicos. Fuente: Javier Cabello y Jesús del Río (T. elodes).
Ejemplos de servicios ecosistémicos que provee el sistema de acequias tradicionales de Sierra Nevada. De izquierda a derecha: pastos para el ganado en la cabecera del río Trevélez; Tephroseris elodes, una especie endémica que habita los herbazales higrófilos entre los 2000-2300 msnm; captura de carbono y control de la erosión a través de bosques que se ven beneficiados por las aguas subterráneas que en parte se originan a partir de la siembra de agua; conocimiento ecológico tradicional asociado al reparto justo del agua (partidor de agua).