La Huerta de Murcia, ubicada en el sureste de España, es un sistema de regadío histórico que destaca por su capacidad para prestar múltiples servicios ecosistémicos. Este agroecosistema mediterráneo tradicional ha sido modelado por siglos de interacción entre la sociedad y el entorno natural, ofreciendo servicios de abastecimiento, de regulación y culturales. Gutiérrez et al. (2016) analizaron desde una perspectiva histórica los servicios ecosistémicos de este sistema de regadío a lo largo de ocho periodos históricos, evaluando un total de 31 servicios. El estudio muestra que, durante el periodo musulmán, se alcanzó la provisión del mayor número de servicios gracias a una gestión agrícola sostenible que incluía una red avanzada de riego y la diversificación de cultivos. Eventos sociopolíticos como la conquista cristiana y la expulsión de los moriscos provocaron un declive en la provisión de estos servicios, en particular en los de abastecimiento. En el siglo XVIII, el auge del comercio de seda y la expansión agrícola impulsaron temporalmente la provisión de servicios, pero estos disminuyeron con la industrialización y la transición hacia monocultivos en los siglos posteriores. Finalmente, en el siglo XX, la intensificación agrícola y la urbanización han provocado una drástica reducción de los servicios de regulación y abastecimiento, mientras que los servicios culturales han cobrado mayor relevancia debido al interés por conservar el patrimonio cultural y el valor estético del paisaje.
Este sistema también ha sido estudiado desde una perspectiva económica, mediante la evaluación de la disposición a pagar (método de valoración contingente) de la población local en la actualidad por medidas de conservación de los servicios ecosistémicos (Martínez-Paz et al., 2019). Los resultados indican que los servicios de provisión son los más valorados, seguidos de los culturales y de los de regulación. Por otro lado, las personas que participaron en el estudio apoyaban el control de la urbanización, la creación de incentivos económicos para la conservación de los servicios ecosistémicos y el fomento de prácticas agrícolas tradicionales. El empleo de modelos para la simulación de escenarios para el periodo 2015-2030 mostró que estas medidas reducirían significativamente la pérdida de tierras irrigadas mediante el regadío histórico, aunque se concluyó que son necesarias estrategias más ambiciosas para garantizar la conservación del agroecosistema a largo plazo.