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4.2. Servicios de regulación

Los sistemas tradicionales de riego, particularmente las acequias y terrazas agrícolas, no solo cumplen funciones productivas, sino que también proporcionan importantes servicios ecosistémicos de regulación, fundamentales para el equilibrio ambiental y social:

Infografía creada con IA para fines educativos. (CC BY-NC-ND)

1. Amortiguación de perturbaciones

Los sistemas de riego tradicionales actúan como amortiguadores frente a riadas, sequías e incendios al garantizar un flujo constante de agua y mantener húmedos los suelos y la vegetación. Esto protege tanto los ecosistemas como las comunidades humanas que dependen de ellos.

2. Control biológico

La diversidad agrícola y natural asociada a los sistemas de riego limita la propagación de plagas y de especies invasoras. Los insectos y las aves actúan como controladores naturales, mientras que la dispersión de semillas favorece la regeneración de la vegetación autóctona.

3. Depuración del agua

La vegetación de ribera y las acequias, al permitir la infiltración y la filtración lenta del agua, favorecen procesos de autodepuración. Los microorganismos presentes en los suelos irrigados actúan como filtros naturales, eliminando contaminantes y mejorando la calidad del agua para su uso posterior.

4. Fertilidad del suelo y nutrientes

La irrigación tradicional mejora la fertilidad del suelo mediante la incorporación de materia orgánica y nutrientes transportados por el agua. Además, las terrazas agrícolas previenen la pérdida de suelo fértil y favorecen el compostaje natural.

5. Mantenimiento de hábitats para la biodiversidad

Las acequias y los paisajes agrícolas asociados crean microhábitats esenciales para la flora y la fauna locales, favoreciendo la conectividad ecológica y la conservación de especies endémicas y migratorias.

6. Mitigación del cambio climático

Los cultivos y la vegetación natural asociados a las terrazas y acequias almacenan carbono tanto en el suelo como en la biomasa, lo que contribuye a reducir el impacto del cambio climático.

7. Regulación climática local

Los sistemas de riego y la vegetación asociada contribuyen a amortiguar las temperaturas extremas al mantener la humedad en el suelo y el aire, favoreciendo la captación de agua mediante el rocío en zonas áridas. Además, los pastos y cultivos tradicionales captan dióxido de carbono (CO₂), lo que contribuye a mitigar el cambio climático y a estabilizar el microclima.

8. Polinización

Los paisajes agrícolas diversificados y los cultivos tradicionales albergan poblaciones de insectos polinizadores, como las abejas. Estos insectos dependen de las prácticas agrícolas extensivas y de la vegetación natural que rodea las acequias y las terrazas, esenciales para mantener la biodiversidad agrícola y natural.

9. Prevención de desastres naturales

El manejo del agua mediante acequias reduce el riesgo de avenidas al controlar los picos de caudal durante tormentas intensas. Además, el suministro continuo de agua y la creación de charcas contribuyen a controlar los incendios forestales en la región.

10. Regulación de la calidad del aire

La vegetación en las áreas irrigadas captura partículas en suspensión y contribuye a regular la concentración de gases de efecto invernadero. Al preservar los sistemas de riego y su vegetación asociada, se obtiene un beneficio directo para la calidad del aire.

11. Regulación del ciclo hidrológico: Las acequias distribuyen el agua a lo largo de las pendientes, lo que favorece su infiltración en el suelo y la recarga de los acuíferos

Esta práctica asegura una disponibilidad constante de agua incluso en períodos de sequía y regula los flujos superficiales, minimizando el riesgo de inundaciones y de sequías.

12. Regulación morfosedimentaria

Las terrazas agrícolas y los sistemas de riego estabilizan las laderas al prevenir la erosión y mejorar la retención de sedimentos. Estas estructuras minimizan la pérdida de suelo y favorecen la fijación de nutrientes esenciales para la vegetación.