Los valores intrínsecos de los regadíos históricos radican en su importancia inherente, tanto para la conservación del paisaje cultural como para la de la biodiversidad. Estos sistemas han modelado a lo largo de los siglos un entorno único que combina la actividad humana con la naturaleza, dando como resultado paisajes que son tanto estéticamente valiosos como ecológicamente significativos por:
● La conservación del patrimonio cultural: Los regadíos representan una herencia histórica que merece ser preservada por su valor en sí mismos, independientemente de su utilidad actual.
● Favorecer la resiliencia ecológica (y socioecológica): Son sistemas de economía circular locales de baja dependencia tecnológica y energética. Son esenciales para mantener la diversidad genética en cultivos y en el ganado, contribuyendo a la adaptabilidad ante desafíos como el cambio climático (Pearson 2016).